Cesare Pavese: el fracasado del amor

Ensayo por Nicolás Pose

Cesare Pavese: el fracasado del amor

 

Dentro de poco se cumplirán cincuenta años de la partida de este escritor fundamental del siglo XX, que nos dejó uno de los diarios más bellos y trágicos que puedan leerse, El oficio de vivir.

Convertir la vida en pasado, ese afán incensante del diario de Pavese, es en realidad la única defensa que el escritor tiene contra las ofensas de la vida.
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Pavese vivió su infancia marcado por el fallecimiento de su padre, víctima de un tumor cerebral, cuando contaba con sólo seis años de edad. Sin embargo, lo que realmente marcó a Pavese fue la presencia de su madre, una mujer de carácter autoritario y dominante. Fue ella la protagonista de una escena largamente recordada por Pavese, según recoge Davide Lajolo en el libro “El vicio absurdo”: estando el padre del autor en su lecho de muerte, suplicó a su esposa que le permitiera ver por última vez a una vecina que, supuestamente, había sido su amante. La madre de Pavese se negó. Es posible que esta escena, de la que el autor nunca pudo librarse, sirviera para subrayar la postura intransigente de la madre, la firmeza de su carácter, y se enfrentara por primera vez a Pavese con la dureza que él siempre le atribuyó a las mujeres. Pero las verdaderas desgracias —porque así lo viviría Cesare —con el sexo opuesto comienzan en su adolescencia. En ese período clave, Pavese experimenta varias pasiones amorosas que siempre acaban por frustrarse. La anécdota más patética es aquella que retrata a un Pavese esperando durante horas, bajo el frío y la lluvia, a una bailarina de teatro que, ignorando al joven y enamorado poeta, huye y le escapa, saliendo por la puerta de atrás. De este encuentro frustrado Pavese ganó una bronquitis crónica, un motivo más de desconfianza hacia el sexo femenino y, seguramente, el germen del relato “El aventurero fracasado” que, como él, esperó a una bailarina hasta que “la vio alejarse con unos hombres, por la ciudad, en el lujo de un automóvil”. 

Unos años más tarde, a mediados de los treinta, Pavese vivirá lo que se convertirá en su gran amor frustrado: “la mujer de la voz ronca”. “Ella”, “Tina”, “la señorita”. Pavese nunca se refirió a ella por su nombre completo. Sabemos que era estudiante de matemáticas y miembro activo del Partido Comunista, compañera del también comunista Altiero Spinelli. Pavese se enamora profundamente de esta mujer, hasta tal punto que acepta recibir en su casa las cartas que Spinelli le remitía desde la cárcel. Estas cartas, que la policía encuentra durante un registro su casa, lo llevarán a Pavese a prisión, y de allí al exilio en el pueblito calabrés de Brancaleone. Es imposible no preguntarse por qué razón Pavese aceptó servir de intermediario entre Tina y su amante, pero es probable que el escritor creyera sinceramente que el único vínculo de unión entre la “señorita” y Spinelli fuese la actividad política.

Pavese hizo su última tentativa de matrimonio a otro gran amor, la actriz de cine norteamericana Constance Dowling, pero también fue rechazado por ella; ella inspiró su libro Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. 

Poco antes de suicidarse, el escritor envió una carta a una muchacha desconocida a la que se refiere llamándola “Pierina”, aunque al parecer no era su verdadero nombre. En estas palabras se cuela la confesión de su soledad, pero lo hace de un modo reposado y sereno, libre de toda amargura, al margen de la ironía y la crudeza que reflejan sus diarios:

¿Puedo decirte, amor, que nunca me he despertado con una mujer a mi lado, que cuando amé nunca me tomaron en serio y que ignoro la mirada de reconocimiento que una mujer dirige a un hombre?

Es conocida la extremada misoginia de Pavese.
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Así lo demuestra en su diario, El oficio de vivir. Pero todos acuerdan que hay dos posibles Pavese; por un lado, el sentimental que amaba profundamente a las mujeres y les escribe de una manera y, por el otro, está el terrible misógino. En su diario hay numerosas muestras de este último:Quien revela a una mujer el ser potencial de ella, será su primer cornudo. Es matemático. Ni más ni menos, matemático” (O. de V., 26-4-36). Como también: “Lo único que cuenta en el amor es tener a la mujer en la cama y en casa” (O. de V. 28-11-37) O, Todos encontramos una puta en el transcurso de nuestra vida. Y son poquísimos los que encuentran una mujer que les ame y sea honesta. De cada cien, noventa y nueve son putas” (O. de V. 5-2-38)

Unos meses antes del suicidio, escribe en 1950: “No nos matamos por el amor de una mujer. Nos matamos porque un amor, cualquier amor, nos revela en nuestra desnudez, miseria, indefensión, nada” (O. de V. 25-3-50)

Pocas palabras fueron las que apuntó Pavese en su diario el 18 de agosto de ese mismo año, nueve días antes de suicidarse en uno de los hoteles más conocidos de Turín, El Roma, frente a la estación del ferrocarril donde, durante la noche del 26 al 27, intentó —en vano — que algunos amigos fueran a verlo, quizás con la intención de que algunos amigos pudieran disuadirlo de su decisión final. 

El 18 de agosto de 1950 había anotado en su diario:  

“Todo esto da asco. 

  No palabras. Un gesto. No escribiré más.”

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Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó en 2019.

 
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