Un largo adiós a Marlowe

Ensayo sobre Cine y Literatura publicado en Libres del Libro, (Editorial UAI, 2017)

por Nicolás Pose y Manuel Pose

Marlowe mira asombrado a Terry Lennox, su viejo amigo de copas, lo enfrenta y, luego de un breve diálogo, le dispara a sangre fría. Terry sale despedido y cae en el río interno de su mansión en México. La cámara sigue el movimiento del cadáver que flota mientras la sangre se mezcla con el agua. Un final hollywoodense. Marlowe nunca había matado a nadie, pero esta vez le regalaba el último adiós a Lennox.

Chandler no escribió tantos guiones policiales como se suele pensar, solo unos pocos e indispensables. El más conocido, y que le dio fama de escritor, es el que coescribió con Billy Wilder en Pacto de Sangre (Double Indemnity, 1944), un clásico del género negro basado en la novela de James Cain. También escribió La dalia azul (The Blue Dhalia, George Marshall, 1946), Extraños en el tren (Strangers on the train, de Alfred Hitchcock, 1951) basado en la novela de Patricia Highsmith y Playback, que no fue producido. Pero nadie adaptaría la mejor novela de Chandler sino trece años después de su deceso. No sólo porque el inigualable Humphrey Bogart había canibalizado tanto a Marlowe como a Sam Spade —el otro famoso detective, creado por Dashiell Hammett— dándoles un aura única del duro que nunca pestañea y lleva el cigarro pegado a los labios como una parte más de su cuerpo, sino también porque, en 1953, el año en que se publica El largo adiós, el policial negro ya estaba agotado.

Leigh Brackett, el guionista que junto a William Faulkner escribió El sueño eterno (The Big Sleep, 1946) y Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944), ambas dirigidas por Howard Hawks y con idéntico elenco (con Bogart y Bacall como protagonistas), es el mismo de El largo adiós (The Long Goodbye, 1973). Chandler, seguramente, no hubiera estado de acuerdo en cómo Brackett alteró la trama argumental de la historia, sobre todo al darle un final mucho más acabado que el de su la novela, que ronda sobre el misterioso Terry Lennox.

En la primera escena de la película encontramos a un Marlowe dormido en su pequeño departamento acompañado por jazz, luces bajas y, de repente, el gato que despierta al detective a las tres de la mañana para que luego, muy tierno, le vaya a comprar su comida preferida. Marlowe no tiene un gato en la novela original pero el guiño es comprensible ya que Chandler amaba a los gatos. Cuando Marlowe sale se encuentra con sus jóvenes vecinas, una más bonita que la otra y todas completamente drogadas. Detalle totalmente deudor de la atmósfera de los años ’70, porque estas chicas, que fabrican velas, tortitas de marihuana, hachís y se pasean desnudas haciendo reiki en la película, no aparecían en la novela. En esa apertura de diez minutos, entre la soporífera escena del gato y las hippies desnudas, Robert Altman, el director, marca lo que será la estética del film: homenaje al género negro conjugado con los nuevos valores culturales de los 70.   

El argumento de la novela es lo suficientemente complejo y merece una mención: Marlowe ha sacado de apuros a Terry Lennox en varias ocasiones y suelen juntarse en el bar Victor´s a beber gimlets, cocktail tan antiguo como popular hecho a base de ginebra, soda y jugo de limón. Pero un día, Lennox aparece en la casa del detective y le pide que lo lleve a Tijuana, en la frontera con México. Marlowe analiza la situación y le hace las preguntas de rigor. Marlowe ya sabe que su amigo está casado con la millonaria Sylvia Lennox y está enterado de sus frecuentes peleas. El detective presiente que algo anda mal pero igual lo ayuda porque aprecia a Lennox. Cuando al otro día llegan los policías a su casa, Marlowe se entera de que Sylvia Lennox ha sido asesinada brutalmente: su cara ha sido desfigurada con un trofeo. Por lo tanto, Marlowe empieza a caer bajo sospecha de complicidad y termina detenido. Una semana después, el detective es liberado ya que su amigo, Terry Lennox, se ha suicidado en un pueblito mexicano de mala muerte. El caso se cierra automáticamente: para la policía y la prensa Lennox es el asesino. Lo llamativo es que la investigación del asesinato de la hija de un magnate de los medios de comunicación como lo es el viejo Harlan Potter, se cierre tan fácilmente y sin ningún cuestionamiento. A la vez, un matón llamado Menéndez amenaza a Marlowe para que no investigue más el caso, arguyendo que Lennox lo había salvado en la primera guerra donde ambos habían participado. Luego comienza la segunda historia que llevará al detective a desentrañar quién era realmente el misterioso Terry Lennox, a través de una pareja que vive en una colonia en Malibú. Ahí, Eileen Wade, lo contrata para encontrar a su marido, Roger Wade, exitoso escritor de novelas, que ha desaparecido hace una semana.

El film, por el contrario, cierra algunas puertas: se centra en la historia policial y deja de lado las críticas que Chandler incluía en la novela sobre la sociedad capitalista y el funcionamiento del poder dentro del sistema, incluyendo jueces, policías, maleantes y abogados adictos. Todas las críticas a la corrupción del aparato judicial y la falta de valores sociales están ausentes en la película, que se concentra en diseccionar el estilo de vida de los ricos hollywoodenses e indaga en la sospechosa clausura del caso Sylvia Lennox. En consecuencia, hay personajes, situaciones y descripciones que, en la película, brillan por su ausencia, como ese momento de la novela en que Harlan Potter, magnate de los medios y típico self made men —además de padre de la mujer asesinada— en diálogo con Marlowe, hace una descripción fabulosa de cómo se mueve el poder y el dinero en la sociedad capitalista.

A Chandler siempre le pareció adecuada la elección de Bogart para encarnar a Philip Marlowe, aunque también hay que decir que siempre deseó que el detective fuera interpretado por Cary Grant.

Ahora bien, en la película, el eterno narrador protagonista de las novelas de Chandler, lo interpreta Eliott Gould, y construye una versión de un Marlowe edulcorado, suelto y un poco fanfarrón, que hace que fuma cuando, en realidad, escupe el humo, exagerando los —ya de por sí— artificiales gestos de los clásicos detectives. Si en la novela Chandler configuraba a un Marlowe algo cansado, sentimental y romántico, Gould juega con todos los tics del clásico detective para parodiarlos.

Es probable que la mejor actuación sea la de Sterling Hayden —muy recordado en el papel de policía corrupto de El Padrino—, que interpreta al alcohólico escritor Wade, con mucha barba blanca, reflejo del Hemingway viejo en Cuba con un trago de ron en la mano. Difiere la muerte de Wade en la novela y el film. Porque en la versión de Altman, Wade se suicida al entrar al mar borracho, al estilo Alfonsina Storni, mientras que, en la novela, es asesinado por Eileen, su mujer, interpretada por la bella rubia Nina van Pallandt.

Sobresalen en la película ciertas escenas simpáticas donde se acentúa un humor sutil. Si el matón que amenazaba a Marlowe, Menendez, era grandote y violento, en la película es un pequeño judío, Martin Augustine que, en una escena, donde se acentúa la parodia del villano, no tiene mejor idea que partirle la cara a su novia con una botella de Coca Cola, sin motivación alguna. También, Augustine —interpretado por el director de cine canadiense Mark Rydle—logra, en otra escena, que Marlowe y todos sus hombres se desnuden para demostrar quién es más macho. Y la perlita —en un minuto, en calzoncillos y haciendo de matón, en lo que sería una de sus primeras apariciones en el cine—: aparece un jovencísimo Arnold Schwarzenegger que no dice una palabra y sólo posa mostrando su físico colosal con un gracioso bigotito y pelo lacio peinado con raya al costado. Por supuesto, nada de esto figura en la novela.

No obstante, las diferencias se acentúan aún más cuando se comparan el final de Terry Lennox y la resolución del caso en la trama original de Chandler. En la novela, el lector no sabe quién ha matado a quién y, al final, Lennox, que había simulado su suicidio, es descubierto por el detective como el Sr. Maioranos con una cara nueva gracias a la magia de la cirugía estética. ¿Lennox mató a su mujer? ¿Indujo a su amante Eileen Wade a que lo hiciera por él? No se sabe, lo cierto es que Marlowe siente la traición y ya no puede reconocer a su viejo amigo Lennox. Lo despide y se va con su conciencia tranquila. En el film, por el contrario, lo asesina a sangre fría ya que Lennox le confiesa que él ha asesinado a Sylvia, su mujer, y que todo lo había planeado desde un principio. Es decir, Marlowe fue claramente parte del plan. También está claro que los códigos cinematográficos de los 70 no permitían un final tan sugestivo como el de la novela, debía haber sangre. Por otro lado, si en la novela Marlowe descubre que Eileen Wade asesinó a su marido y luego ella se suicida con pastillas de Demerol; en el film, en cambio, luego de irse feliz por haber saldado cuentas con Lennox, Marlowe distingue sobre un jeep a una rubia similar a Eileen Wade manejando hacia la mansión de Lennox. La cámara no enfoca perfectamente la cara y nos deja la duda. En otras palabras, se sugiere que Lennox y su amante Eileen habían planeado los crímenes de Sylvia Lennox y el escritor. Además, antes de ese final, Marlowe veía por las calles de Los Angeles a Eileen Wade manejando un descapotable en cuya patente dice LOV YOU y comienza a correr detrás del auto, en medio de la avenida, como si fuera una película romántica hasta que es atropellado y termina en el hospital.

La versión de El Largo Adiós de Robert Altman es, en definitiva, la confirmación de que, entre los ’40 y los ’50, el género negro estaba agotado y había que renovarlo de alguna manera. Era necesario, por lo tanto, recrear a un desmitificado Phillip Marlowe, modelarlo sutilmente con el barniz de la parodia, y al mismo tiempo, homenajear al género negro, no copiando los gestos ya clásicos sino, por el contrario, desacralizando ciertos manierismos de los detectives más duros. No es casualidad que, para hacer Vicio Propio (Inherent Vice, 2014), película donde el detective (Joaquin Phoenix) es un fumón, Paul Thomas Anderson se basara en El largo adiós por su ambientación y eficacia a la hora de parodiar el género y, al mismo tiempo, reinventarlo.

A tono con la canción jazzera de apertura que canta Johnny Mercer que, con variaciones, se repite durante todo el film, El largo adiós conjuga, en definitiva, la parodia del policial y la ambientación de los 70 en un pastiche, si cabe, tan original como excelente. Con un Marlowe distinto y centrándose en la atmósfera de las leyes (in)humanas de Hollywood, esta es quizás una de esas películas que abren a su director un camino definitivo que, en este caso, Altman iba a consolidar con Las reglas del juego (The Player, 1992), esa espléndida historia protagonizada por Tim Robbins en la que un ejecutivo de Hollywood asesinaba, por error, a un guionista.

TAPA LIBRO

Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Es profesor en Letras (UBA). Obtuvo el primer premio de Narrativa en el VII Certamen de Poesía y narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos. Es autor de La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y ha colaborado en revistas como El interpretadorNo retornable y Siamesa. Su novela Por una cabeza permanece inédita. Actualmente trabaja como docente en el GCBA.

Manuel Pose (1984, Buenos Aires). Estudió la carrera de Cine y Artes Audiovisuales en el CIEVYC. Es operador cinematográfico, programador de cine y realizador audiovisual. Desempeña la función de proyectorista en MALBA Cine. Ha programado los ciclos “Distopías”, “Road Movies”, “A puerta cerrada”, “Villanos” y “Lovecraft al cine”, todos ellos para MALBA Cine. Realizador de numerosos cortometrajes en diferentes formatos, destacan: Tiempo (2013) – IX Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata (MARFICI) e Invasión (2014) – XVI Buenos Aires Rojo Sangre. Libres del libro es su primera colaboración literaria.

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