Dos Gourmet Musical

Novedades Editoriales: Por qué escuchamos a Stevie Wonder (2020), de Edgardo Scott y Por qué escuchamos a Tupac Shakur (2019), de Bárbara Pistoia.

por Nicolás Pose

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Por qué escuchamos es una colección editada por Gourmet Musical que busca ahondar en los motivos por los que algunos artistas -de diversos géneros, orígenes y épocas- se vuelven esenciales. Nosotros leímos el libro de Bárbara Pistoia sobre Tupac Shakur, un ícono de los noventa, y, el de Edgardo Scott sobre el mágico Stevie Wonder.

Se trata de dos vidas muy diferentes, de dos grandes artistas ubicados en tiempos y espacios distintos, pero a la vez, son músicos que hacen su aporte esencial dentro del campo musical. Ingresan en espacios, sociedades y mercados distintos, por su diferencia de edad, por el género que adoptan para transmitir sus emociones y sentimientos. Seguir leyendo “Dos Gourmet Musical”

Algunas sugerencias para la cuarentena 📭

Les damos algunas recomendaciones para que puedan pasar la cuarentena lo mejor posible, refrescando sus mentes en una ola de libros, obras de teatro, películas y series.

  • Libros

Editorial Mansalva libera tres libros de Cesar Aira, se pueden descargar acá

Santos Locos Editorial de Poesía envia regalos a sus suscriptores para hacer llevadera la pandemia, acá pueden descargar La respuesta, libro que reúne a 18 poetas argentinos.

En Barcelona, la libreria On the road ofrece vivos en IG con debates, lecturas e invitados Seguir leyendo “Algunas sugerencias para la cuarentena 📭”

Conversación con Hebe Uhart

Fragmento de una entrevista (2015)

por Isabel Lacatol

La cuarentena nos pone en estado de alarma. Es una caja de pandora. Estando adentro podés encontrar cualquier cosa.

En el 2014 quería saber cómo hace la gente para escribir. Me puse en contacto con una revista que buscaba contenido y me ofrecí a entrevistar escritores. Muchos de ellos fueron muy amables, me abrieron las puertas de su casa y respondieron las preguntas que les hice. Ese fue el caso de Hebe Uhart quien acababa de publicar El gato tuvo la culpa, en Blatt&Ríos. Seguir leyendo “Conversación con Hebe Uhart”

Teatro: Lo que quieren las guachas

Reseña teatral: Lo que quieren las guachas, de Mariana Cumbi Bustina

por Julieta Rimoldi García

Haciendo referencia a la canción de cumbia Tengo todo lo que quieren las guachas de Lore y Roque Me Gusta, la obra maneja el lenguaje adolescente y conoce sus códigos. A través de diferentes situaciones sociales donde se chocan los dos prototipos de clases ─la alta y la baja─, se puede ver las dos caras de un mismo problema que nos involucra a todos como sociedad: cultura, educación y políticas de salud pública. El contexto social argentino ayuda a entender dónde se ubican estos personajes, con una lucha constante por que se legalice el aborto y sea seguro y gratuito, la obra refleja e ilustra la importancia de este derecho y sus consecuencias. Seguir leyendo “Teatro: Lo que quieren las guachas”

Del amor a distancia y la vida de un poeta autoexiliado

Novedades Editoriales: Reseña de E-Love de Israel A. Chira (Tinta libre 2019)

por Nicolás Pose

El poeta Israel Chira, nacido en Lima, Perú, tuvo sus minutos de fama cuando le fue publicada en el diario Página/12 y en La izquierda diario una carta que él había enviado a la empresa Tass, instalada en el partido de Coronel Suárez, por haberlo despedido sin argumentos y dejándolo desempleado en el 2017. La epístola que cierra E-love, representa el cansancio y la lucha que se dispone a llevar a cabo Joaquín del Castillo, el narrador de la novela, luego de haberse enfrentado a una situación económica similar cuando todavía vivía en Lima, su ciudad natal. Seguir leyendo “Del amor a distancia y la vida de un poeta autoexiliado”

Teatro: El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón

Reseña teatral

por Lara Salinas

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Salvadora Medina Onrubia vuelve a la vida. En un minucioso trabajo de recuperación documental, Andrea Ojeda, Gilda Sosa y María Victoria Felipini ofrecen a los espectadores una puesta en escena sorprendente que nos acerca a esta escritora de principios de siglo XX, prácticamente desconocida en la actualidad, a diferencia de su amiga la poetisa Alfonsina Storni: mujeres que cuestionaron enardecidamente las costumbres burguesas y conservadoras de la sociedad porteña.

Formar parte de un canon literario es desafiar a la muerte, es adoptar cierta forma de inmortalidad. Este fue un goce que a Salvadora le negó la historia, presumiblemente por sus contradicciones más superficiales: fue vocera de los reclamos de los trabajadores siendo la dueña de un periódico; era ferviente defensora del amor libre, aunque formó una familia tradicional; injustamente, pasó a la historia como la militante anarquista y millonaria que llegaba a las manifestaciones en su Rolls-Royce.

En cada función, Andrea, Gilda y María Victoria le dan vida a Salvadora a partir de los elementos que, un siglo después, testimonian su existencia: libros con sus obras teatrales y poesías, fotografías, recortes de diarios, cartas y accesorios empolvados por haberlos olvidado y descuidado tantos años. Acercan a los espectadores que no están familiarizados con esta fantasma vida y obra de quien quiso ser mucho más que un bello adorno: “Somos las que sufrimos y nos revelamos a nuestra condición estúpida de muñecas de bazar. Saber ser mujer es admirable y nosotras solo queremos ser mujeres en nuestra espléndida feminidad”, escribió en una oportunidad.

En el teatro, uno de los territorios en los que Salvadora desplegó su creatividad, las actrices se donan en cuerpo y alma para que nos enamoremos, una vez más, de una mujer increíble e inmerecidamente desconocida.

Actualmente “El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón” se presenta en El Astrolabio Teatro del barrio Villa General Mitre (CABA), pero a partir de julio la obra estará de gira por el noroeste argentino en San Miguel de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca. ¡No se la pierdan!

 

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Funciones: domingos, 20 hs.
Lugar: El Astrolabio Teatro (Terrero 1456, CABA)
Entradas: $300-. | Desc. estudiantes y jubilados $200 | Promo compra anticipadas 2 x $500 en alternativateatral
Informes y reservas: 4581-0710 | elastrolabioteatro@gmail.com

Ficha técnica
Dramaturgia: Andrea Ojeda, Gilda Sosa, María Victoria Felipini
Elenco: María Victoria Felipini, Gilda Sosa
Vestuario: Julieta Fassone
Escenografía: Walter D. Lamas
Pelucas: Jorge Palacios
Música: Susana Ratcliff
Edición de sonido: Susana Ratcliff, Gilda Sosa
Diapositivas y diseño gráfico: Gilda Sosa
Voces en Off: Jorge Capussotti, Diego Cazabat, Hugo De Bernardi, Guillermo Gaciobaquiola, Patricio Villanueva
Operación técnica: Vicky Balay – Julieta Cazabat
Fotografía: Mariana Sánchez
Video: LEEK Productora Audiovisual
Redes: @salvadorateatro
Prensa: Octavia Comunicación
Compañía Vértigo Enero
Dirección general: Andrea Ojeda

 

Lara Salinas (1989, Buenos Aires) es Profesora y Licenciada en Letras de la UBA. Estudió Producción Cultural y formó parte de diferentes proyectos artísticos como productora. Trabaja como bibliotecaria y escribe crítica de cine y teatro.

 

 

El vértigo de la existencia cotidiana

Novedades Editoriales: Sangre del día de Laura García del Castaño (Años luz editora)

por Nicolás Pose

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Laura García del Castaño viene trabajando la palabra hace tiempo como lo confirma su producción y trayectoria con libros como La vida en que sueñas (Recovecos, 2012), El animal no domesticado (Pan comido, 2014), El sueño de Sara Singer (Llanto de mudo, 2014 y reeditado por Caleta Olivia en 2017) y Los demonios del mar (Ediciones del Dock, 2015)

Su último libro, Sangre del día, publicado por Años luz –una editorial con una fuerte apuesta estética en la nueva poesía argentina y latinoamericana, así como también en la narrativa– ­, construye un “yo” poético que desde lugares domésticos y cosas mínimas, avanza hacia estados de conciencia que van surgiendo sin permiso, puede ser un pensamiento a la par de la escritura o simplemente movimientos que interrogan al yo poético, que cuestionan la posibilidad y la imposibilidad para, en muchos casos, aceptar con resignación lo que falta, lo que no se puede asir, la carencia de lo que se desea, de lo esperable, la pérdida de una respuesta o una esperanza que, a veces, se traduce en una vacío existencial o en la proximidad de la muerte.

La muerte es la gran protagonista del libro, el tema que atraviesa y le da el tono al poemario. No sólo la muerte como fatalidad sino más bien como aceptación, como último momento de la vida: “Dos veces al día/ me pregunto/ dónde estará la muerte hoy”  “Toda fatalidad/  es una joya que lleva/ un alfiler escondido/ y está dispuesta a lucir y matar” (Dos veces al día) También está la mirada que describe a quien trabaja con la muerte y los muertos, por ejemplo en “Funebrero”: “Hueles a hombre desmontado/ a monedas oxidadas/ a días que no entibian a vinos picados/ a cielo vencido por el humo del incendio” De este tópico que abarca el libro se desprenden otros relacionados, como la superstición, esto es, aquellos hábitos o prácticas que conjuran contra la muerte. Así el poema que abre el libro “El tiempo de la superstición” es un extenso catálogo al estilo Whitman donde se enumeran diversas supersticiones para esquivar la muerte o ganar la salvación, creer en una posibilidad, pero finalmente se derrumba toda expectativa: “Al cabo de un tiempo olvidas/arrojas una vida al fuego/ andas con cenizas en los ojos / el enemigo asiste, el ángel devora/ sea cual sea el encantamiento / toda superstición al fin se desmorona”. A veces, la muerte y la  superstición están unidas como en “Me dijeron”, donde tal vez la voz de una empleado/a de una funeraria o de alguien que asiste a un velorio expone el chisme y los consejos que le dan sobre el cadáver que se está a punto de velar: “Me dijeron:/el alma se ve en los velatorios, el alma es un collar que/ viborea, se va para arriba.      Me dijeron:/ coloca un frasco vacío bajo el féretro y ayuda al alma a partir/ mansamente.”

Al leer Sangre del día uno podría pensar que la muerte no sólo es la falta de vida, porque quizás el mundo que habitamos, que vivimos, no está solamente poblado por los vivos y  los muertos sino que también hay intersticios, recovecos, entres ambos mundos. Y es justamente la superstición lo que hace presente el más allá, lo fantasmático, lo que está pero no se ve, es eso que rodea a las cosas, que a veces las presiona, las merodea, y que se resume en las imágenes de este breve y maravilloso poema: “La tirantez de las camas recién hechas/ la huella fresca/ la llave nueva /el pez que puntea el coral /la reverencia del esgrima /o de dos que combaten francamente / la mancha en la pared/ que los perros / lamen/ la polera estrecha que ahorca/ todo es hondo sexual y abandona /un pozo que ansía / una luz sin consuelo.”  No es la muerte, pero sí su presagio, porque las imágenes remiten a una incomodidad, a cierta presión, a una imposibilidad, un vértigo latente que no nos abandona; es, en definitiva, el temor a no poder superar el vacío de lo nuevo, el miedo a no saber nada del futuro (la superstición se usa para eso, para anticiparse y tratar de que venga un futuro afortunado; pero es una máscara, la superstición falla y sólo prevalece la creencia). Y finalmente también está la imposibilidad con la palabra, la falta de conexión, de comunicación, aunque estemos hiperconectados: “Estamos de alta, estamos online, / estamos cargados en el sistema/ estamos en silencio/ Tenemos dificultad con las palabras.”

Laura García Castaño en “Sangre del día” trabaja con imágenes domésticas, con imágenes arrebatadas a la naturaleza, como las plantas y los animales, y todo es tamizado por la misma mirada que testimonia, describe, pero que nunca sufre, porque acepta la imposibilidad y la pérdida que ofrece el universo, y así la sangre gotea secretamente en nuestra existencia durante los días que transcurren, los meses y los años, con naturalidad, con vacua naturalidad. Jotaele Andrade lo señala en el prólogo: “La mirada se cierne sobre la cotidianidad inmensa, expulsada por un yo que no intima con la fricción confesional, no confiesa, no; acá lo cotidiano se presenta más como testimonio que como subjetividad sufriente de hechos particulares”.

Poética que trabaja en el límite, que rodea los bordes y trata de captar ese intersticio entre lo que se cierra y lo que se abre, la grieta donde se cuelan diferentes temores en los momentos diarios y el vértigo de estar vivo. Ese tipo de presiones y miedos se condensan en el epígrafe que abre el poemario: “Cada día es la locura de edificar el sueño o el miedo de derrumbarlo”.

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Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó este año.

 

 

Comas

Novedades Editoriales: Reseña de Comas de Teresa Orbegoso (Años Luz, 2019)

por Nicolás Pose

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Comas, el último libro de la poeta Teresa Orbegoso, publicado en 2018 por Años Luz Editora y en una edición bilingüe, fue escrito paralelamente a otro libro que la autora llamó Perú. Orbegoso que nació en Lima, trabaja su poesía conectándola con la geografía de los distritos y del país donde pasó la mayor parte de su vida y, sobre todo, su infancia, un punto nodal para comenzar a leer su obra. Esa geografía peruana la rodea y al mismo tiempo le despierta impresiones, recuerdos, sentimientos e ideas sobre quién es la que escribe. Desde sus lugares se revelan los temas que obsesionan a la poeta: la identidad, las raíces, la niñez, la familia, la “peruanidad”, las relaciones, el amor y la poesía como remedio al dolor, como antídoto de vida. Es la voz que desde el presente regresa al pasado  para tratar de deconstruir el presente y adivinarse mediante ese ejercicio introspectivo. Es una poesía de búsqueda. En su poemario Perú, la voz de la poeta exclama: “Estoy aquí para recordar la patria invisible de la infancia. Estoy aquí para saber finalmente quiénes somos. ¿Qué ha quedado de nosotros en medio de toda la niebla de Lima? No saber cómo te llamas, ni lo que fuiste, ni lo que hiciste. Andar perdido como un cuerpo que sólo sabe empezar y que nada aprende. Han sido los ecos de la ruina de mi despertar. Sea mi destino coser los pedazos descoloridos de nuestra bandera. Darle materia y forma. No desaparecer.”

 Comas es el cuarto distrito más poblado de Perú, y uno de los 43 que conforman la provincia de Lima. Está ubicado a unos 15 kilómetros del centro de Lima y tiene medio millón de habitantes, siendo la mayoría de la población de clase baja así como en otros distritos: Rímac, El Agustino, Los Olivos, etc. Es fundamental conocer algo de la geografía de estos barrios o distritos, ya que Orbegoso construye sus poemas en prosa o pequeños relatos en torno a estos lugares que funcionan como disparadores de vivencias o sentimientos que son transmitidos por la voz que siente y recuerda. Así en los 10 relatos que componen a Comas, hay títulos como “El Agustino”, donde se recuerda la muerte del padre de la poeta; “Carabayllo” donde se habla de los niños de ese barrio; “Túpac Amaru”, una de las avenidas principales de Comas o “Lima”, donde se narra con crudeza el recuerdo del hermano que la violó: “Fertilidad quebrada que llegó un minuto tarde para lo real. Su rostro se da vuelta. Solo negrura. Maraña. No hay palabras, sólo descanso. Estaciones. Velocidades. Mi guía es él, mi hermano, mi enemigo.” Orbegoso dice sobre Comas: “ese lugar para mí fue el distrito que me mostró la inequidad y la desigualdad que había en Lima en mi juventud.” Esa desigualdad, la poeta la expresa en otros lugares como por ejemplo en “Buenos Aires”: “He vivido el racismo acérrimo de esta ciudad contra los migrantes latinoamericanos. Una especie de sentimiento de superioridad asola en casi todo porteño”. Claro, después de leer a Sarmiento lo que escribe sobre el argentino en el Facundo, se comprende con tranquilidad esta mirada. Y también se permite una mirada punzante y sin tapujos sobre los porteños: “Aquí todos se miran demasiado a sí mismos. Están solos y esperan que algo increíble pase y salve sus vidas. Ya nadie cree en el matrimonio y casi todos han sido psicoanalizados inútilmente porque cada día están más locos.”  Leyendo “Lima” y “Buenos Aires” se presentan los dos tipos de escritura que ensaya Orbegoso en Comas, el primero referido a su pasado familiar es crudo, directo, con imágenes fuertes que podrían ser versos por cómo se construye la voz, quebrada y con frases cortas. Ese tipo de escritura va a primar en los relatos más íntimos. En cambio, en “Buenos Aires”, predomina la escritura de ideas, la visión distanciada del poeta que teoriza sobre lo que percibe en los lugares que está y da su punto de vista.

La escritura de Orbegoso construye Comas con un lenguaje crudo, doloroso, no exento de belleza, donde prima el recuerdo: “El tiempo es un subterráneo lleno de estaciones donde el recuerdo es un imparable vehículo”.  Se trata de una escritura que es vivida como autodescubrimiento; una autobiografía de la poeta y al mismo tiempo una biografía de la constitución de ese “yo” que escribe. Es en ese itinerario sentimental donde Teresa Orbegoso va trazando instantes donde a partir de esos referentes geográficos, ya sean ciudades, barrios o avenidas, describe vivencias, expone ideas, sobre la identidad y la de los otros, la visión sobre las mujeres (“Las mujeres de mi país adolecemos de sentimientos o emociones que permanezcan en el tiempo. Decimos que sí, luego decimos que no. Decimos te odio y después hacemos el amor contigo. Terminamos y luego volvemos. ¿Acaso esto no es un síntoma del subdesarrollo en el que vivimos?”), la patria, el padre, la madre y luego “madrasta”, el hermano como enemigo, la “peruanidad” y claro, la poesía. Aparecen imágenes múltiples a medida que reflexiona esa voz y construye este diario íntimo más lleno de dolor y pesares que de otros sentimientos, porque, se entiende, ha existido una crueldad en la infancia de esa niña que confiaba en su familia y de repente, se encuentra con el enemigo dentro de casa. Por eso siempre se vuelve a la figura ausente del padre, evocada trágicamente en “El Agustino”: “Una enfermera nos avisó del deceso por teléfono. Yo tenía dieciséis años. Todavía no terminaba el colegio y fui quien contestó la llamada. Quiero estar  muerta, dije, más era imposible: una adolescente no puede morir. De la noche a la mañana mi cabello se llenó de canas. Supongo que el dolor como el ser se expresa de muchas maneras.” Y por supuesto, además de la tristeza, de los recuerdos duros y de las vivencias trágicas, aparece la escritura, la poesía, el arte como salvación, como cable a tierra para seguir transitando el difícil camino que es la vida. Orbegoso lo resume en esta bella imagen: “La poesía es mi otra epidermis, maquillaje perfecto para la cantidad enorme de queloides que he ido adquiriendo con los años.

 

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Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó este año.

“Una nouvelle de clase media”, El cuarto deseo de Ignacio Molina (Falso Trébol, 2018), por Nicolás Pose

 

 

“La noche en que cumplía cincuenta y dos años, mientras soplaba una velita clavada en una porción de torta de manzana en una parrilla de Pinamar,Alberto sintió, de una manera brutal, que ya no quería seguir compartiendo su vida con Norma. Antes, a ciegas, había pedido los tres deseos (que Huracán no se vaya a la B, que Ramiro sea feliz, volver a jugar a la pelota), y cuando abrió los ojos y vio la cara de su esposa volvió a cerrarlos para agregar un cuarto deseo: que Norma se muera.”

 Así, de esta forma, arranca El cuarto deseo, directa, contundente, presentando de entrada el núcleo del problema de su protagonista. El lector, con un comienzo así, estaría tentado de pensar que podría tratarse de una novelita policial. Pero en El cuarto deseo no habrá crímenes de ninguna índole sino la idea de una posibilidad, el replanteo de una vida durante un instante que se contextualiza en el imaginario, los gustos, las costumbres y las relaciones de una clase media que aún subsiste en la Argentina, los residuos de una clase que fue amplia e importante y que, ahora, está desapareciendo.

Alberto, el protagonista de la nouvelle, es el estereotipo de del cincuentón de la pequeña clase media porteña que comienza a replantearse su vida cuando aparece, repentino, sin saber por qué, el deseo de ver muerta a su esposa, Norma, la mujer con la cual comparte una relación desde hace tres décadas. Alberto, que es narrado por un diestro narrador en tercera persona, se sumerge en un tenso fin de semana al entrever su deseo de separación de su actual mujer, ¿tal vez asesinarla, simular un accidente? o continuar dentro de una rutina que a él se le hace tediosa, una cotidianidad que ya no disfruta en familia sino que es puro desencanto. Mucho tienen que ver Daniel y Josefina, la otra pareja amiga que comparte junto a ellos ese fin de semana, para que esos pensamientos se tornen confusos y actúen en constante vaivén en la cabeza de Alberto. En su amigo, en Daniel, se condensa lo que el protagonista desearía y no se anima, ya que Daniel pudo separarse y conocer a los cuarenta siete años a Josefina, una chica mucho más joven y de un cuerpo perfecto que hace que Alberto se pregunte cómo puede envidiar de esa manera y tenerle rencor a su amigo. Es en la incertidumbre de lo que hará Alberto con su vida−por ende, con su mujer− donde gira todo el relato de Molina, que describe las indecisiones, deseos y rencores de Alberto cuando puede compararse con ese otro tan cercano como un espejo, que está allí, mostrándole cómo puede caminar enamorado de Josefina, cómo puede relajarse y trabajar desde el celular, como si hubiera rejuvenecido luego de haberse separado a una edad en la cual a Alberto nunca se le hubiera ocurrido. Así el narrador describe: “En algunos tramos Josefina y Daniel caminaban tomados de los hombros o de las manos y Alberto se preguntaba desde hacía cuánto que él no caminaba de esa manera con su mujer. (…) Mi mujer, mi mujer espectacular, mi casa increíble, mi auto importado, mis cocheras, mis taxis, mi plata, mi vida perfecta, mi pito grande…pensó imaginando esa enumeración en la voz de Daniel, y al instante se enfureció consigo mismo por dejarse arrastrar por esa ola de resentimiento que no podía controlar.” Ahí reside el problema de Alberto, en la palabra “control”, palabra que cifra la vida de un clásico burgués, como si esa falta de control o esos nuevos deseos que le surgen mientras camina en la arena de las playas de Pinamar enfrentándose a la amplitud del mar, le reventaran en la cara, en medio de lo que debía ser un fin de semana de rélax con la idea de festejar tranquilamente el cumpleaños con Norma y la pareja amiga. Alguna parte de Alberto recuerda al famoso personaje del cuento “Cabecita Negra” de Germán Rozenmacher, el Sr. Lanari que, como él, también ferretero de profesión, cifra su seguridad en la familia y el bienestar económico.

Julio Cortázar definió a la nouvelle como un género a caballo entre el cuento y la novela. Por su escasa extensión con respecto a la novela, la nouvelle no puede narrar la vida de un individuo problemático enfrentado a la sociedad, sino que, más bien, procura centrarse en sutiles movimientos, en rupturas que transformen, modifiquen o destruyan el tranquilo devenir de un hombre o una mujer, para iluminar y describir ese momento en la vida del personaje en un tiempo y lugar acotados. Así, de esta manera, Molina utiliza capítulos cortos y un estilo despojado para narrar y moldear la psicología de Alberto, logrando un texto ágil que gana ritmo narrativo y que, con cierto suspenso, nos lleva de la mano y sin pausa hacia el final.

Molina se caracteriza por analizar a la clase media argentina, sobre todo, al narrar los vínculos, las relaciones que se tejen allí dentro, conjuntamente con la descripción de los hábitos, los gustos, los deseos, pesares y la vida cotidiana de las personas pertenecientes a esta clase social. A esta altura podríamos hablar de un “urbanismo de lo cotidiano” que Molina maneja a la perfección como una marca estilística de la literatura que escribe. Como ya lo había hecho en los cuentos de Los estantes vacíos (Entropía, 2006) o en las novelas Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010)y Los puentes magnéticos(Entropía, 2013), El cuarto deseo, no es la excepción y Molina disecciona a los personajes en pequeños momentos de su existencia, con un realismo centrado tanto en los pormenores como en las grietas que dejan entrever algo más de lo que, a simple vista, parece tan sólo la narración de vidas triviales.  

 

Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó este año. Actualmente organiza junto a Florencia Benson y Magalí Díaz Moreno el ciclo de literatura y arte erótico “Noches Venusinas”.