Dos Gourmet Musical

Novedades Editoriales: Por qué escuchamos a Stevie Wonder (2020), de Edgardo Scott y Por qué escuchamos a Tupac Shakur (2019), de Bárbara Pistoia.

por Nicolás Pose

 

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Por qué escuchamos es una colección editada por Gourmet Musical que busca ahondar en los motivos por los que algunos artistas -de diversos géneros, orígenes y épocas- se vuelven esenciales. Nosotros leímos el libro de Bárbara Pistoia sobre Tupac Shakur, un ícono de los noventa, y, el de Edgardo Scott sobre el mágico Stevie Wonder.

Se trata de dos vidas muy diferentes, de dos grandes artistas ubicados en tiempos y espacios distintos, pero a la vez, son músicos que hacen su aporte esencial dentro del campo musical. Ingresan en espacios, sociedades y mercados distintos, por su diferencia de edad, por el género que adoptan para transmitir sus emociones y sentimientos.

Tupac tenía 25 años en el momento en que fue asesinado, y en su corta vida parece haber vivido muchas por todo lo que ya había hecho. Pistoia lo recuerda: “En sus últimos once meses de vida, escribió dos guiones, grabó más de ciento cincuenta canciones, filmó dos películas (estaba por entrar a rodar una tercera esa misma temporada), y grabó unos cuantos videos, algunos oficiales y otros caseros. Lo dicho: sabía que le quedaba poco tiempo.”

 El libro que Pistoia construye sobre la obra de Tupac Shakur, no es encarado solamente desde su música, sino desde su biografía y el análisis de las comunidades afroamericanas, remontándose al nacimiento del partido Pantera Negra y a las ideas de pensadores afines a la comunidad negra como Marcus Garvey o Malcom X. Porque lo que autora nos muestra es que es imposible deslindar ambas cosas en la vida de Tupac, ya que, en su caso puntual, la política y la música van unidas. Un músico totalmente politizado, un denunciador serial de las condiciones de vida de esas comunidades negras empobrecidas y carentes de los mismos derechos que tienen otros -sobre todo los blancos no latinos- en los Estados Unidos. Por eso cuando Pistoia escribe sobre la vida de Tupac no menciona sólo su música o su obra, sino también el trabajo social, su relación con las drogas, el desafío al establishment, sus intervenciones mediáticas para decir las cosas sin miedo y acusar a quién sea, desde el accionar de la policía hasta el mismo gobierno de turno, sus comentarios molestos para el norteamericano blanco promedio; además de ser la piedra en el zapato de los grandes empresarios de la industria musical de aquel tiempo.

Tupac heredó las persecusiones de su madre Afeni, que fue liberada en mayo de 1971 luego del caso emblemático llamado Panther 21, cuando en abril de 1969 veintiún integrantes de los Panteras Negras fueron acusados de conspiración y planificación de bombardeos en Nueva York. Así nace Tupac, del conflicto, del enfrentamiento entre blancos y negros, es hijo de aquellos que lucharon por la igualdad de derechos y libertades. Esas ideas ya las traía desde la cuna.  Pistoia analiza el conflicto, el enfrentamiento entre el artista y la sociedad. Por eso Tupac con su sinceridad brutal -impolíticamente correcto, se diría hoy- ganaba problemas y enemistades. Hablaba de lo que es ser negro en Estados Unidos, de la pobreza, de los derechos, de la vida de los más carenciados, de las drogas, de la violencia, de ese nuevo sentido que Tupac le dio a la idea de Thug Life. También, según Pistoia, fue el primer rapero en escribir reconociendo a las mujeres entre su público y su lucha. Dice la autora: “Así, fue haciendo foco en el acoso callejero, la maternidad deseada, el aborto, la violencia (física, doméstica y psicológica), entre otros temas que hoy ya están instalados en la agenda (…)” De ahí la conmoción por su tema “Brenda’s Got A Baby” incluido en su primer disco, 2Pacalypse Now, donde Brenda, una niña de 12 años abusada por su primo quedaba embarazada y, luego de ser abandonada, y sin posibilidades económicas, tira a su bebé a la basura y comienza a vender drogas y prostituirse. Todo un manifiesto ideológico de las canciones de Tupac y su estética.   

En el libro de Bárbara Pistoia van a encontrar información sobre la vida del rapero y sus consecuencias, la industria musical de los noventa, el repaso de la historia de Estados Unidos con respecto a las comunidades afroamericanas, los pensadores negros, sus canciones y su relación con su madre Afeni hasta finalmente ser asesinado; sumado al desarrollo del hip hop, su evolución y nacimiento, los DJs, los b-boys, los break dancers, ahondando en lo que es la cultura del rap. Por qué escuchamos a Tupac Shakur es una investigación exhaustiva sobre el tema y muy bien documentada, que logra dar un perfil completo sobre uno de los mayores representantes del rap y el hip hop y de esa cultura callejera, gangsta, como el Bishop interpretado por Tupac, en la película Juice de Ernest Dickerson (1992).

 

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El caso de Stevie es muy diferente. Tupac habla de la violencia, de las injusticias, del abuso policial, y defiende a su comunidad; en cambio, Stevie Wonder, otro tiempo, siempre le cantó al amor. Ya el título de la canción “All in Love Is Fair” en Innervisions, lo planteaba así. Por eso, dice Scott, “el amor es entonces una invocación para Stevie”. El autor se toma el trabajo de contar la palabra en los títulos de la obra de Stevie, llegando a encontrarla unas 42 veces a lo largo de sus álbumes. “No está tan mal, para un chico de Detroit negro y pobre y ciego abandonado por su padre”, concluye Scott. Así como también el registro de emoción y sinceridad con que trabaja Stevie en su música. Porque “la emoción es una especie en peligro de extinción en la “alta” literatura. El mercadeo la habría vulgarizado y estandarizado mientras que el arte contemporáneo, el arte conceptual la habría herido de muerte. Y Stevie trabaja en un registro de emoción muy alto y expuesto. Casi ridículo o patético para nuestra época. De mínima, cursi.” Como se ve, el libro de Scott camina por otros territorios, y maneja la materia del músico desde otra perspectiva. Y no solamente por la figura musical en cuestión, sino también por los atajos que recorre en ese GPS de canciones que escuchó, llevado desde un recuerdo de un cassette de In The Square Circle. El plan es escribir la transformación de un gusto de infancia, dice Scott en la introducción de Por qué escuchamos a Stevie Wonder. Entonces, si el libro de Pistoia tiene capítulos largos, a la manera de apartados, donde documenta la vida de Tupac, de su madre, o analiza la criminalización de la figura del afroamericano, de las canciones y álbumes de Tupac; en cambio, el libro de Scott hace otra propuesta.  Es un ensayo libre que se divide arbitrariamente en pequeños capítulos o fragmentos, titulados con el nombre de canciones de Wonder de diferentes épocas, no ordenadas de forma cronológica. Tiene razón el autor al advertir que es un libro para leer mientras se escucha la música de Stevie Wonder, para apreciar esos rasgos esenciales que Scott va desgranando de su música y sus canciones como la inocencia, su extrema emocionalidad, las diversas modulaciones en su forma de cantar y componer (pone como ejemplo Fullfillingness’ First Finale), la marca característica de la armónica usada como si fuera un saxo, su destreza y capacidad de multiinstrumentista. Así, mientras Scott analiza la música de Stevie y sus repercusiones en el presente, también va introduciendo conceptos relacionados al arte y a cualquier artista, como las variaciones en su obra a lo largo de su carrera, la idea de que un artista popular puede lograr el arte en letras mayúsculas, o la modificación y la experimentación con las formas a la que debe someterse todo artista para evolucionar en su arte, la totalidad de la obra, las versiones de las canciones, la independencia estética. Muchas veces las ideas sobre la música de Wonder son pretextos para ponerse a discutir categorías y describirlas con citas y conceptos relacionados con la literatura, la música y, a veces, del arte en general. Por eso van a aparecer nombres como los Jonathan Lethem, Luigi Russolo y su manifiesto futurista de El arte de los ruidos, Giorgio Agamben, John Cage, Giorgio Moroder, Elvis Costello, Borges, John Berger y otros. Porque el enfoque está puesto en un análisis estético, lejos de la investigación y la carga política y, por ende, el libro de Scott es un ensayo libre que puede ser leído en varias direcciones y no de manera lineal.

Stevie hizo su aparición en la escena musical de la mano de Motown a los doce años cuando lanzó su primer disco, The 12 Year Old Genius (1963). Desde ese momento nunca paró. Es indudable que su mejor versión la logró en la década de los setenta, con discos como Talking Book(1972), Innervisions (1973), Fullfillingness’ Fisrt Finale (1974), Songs In The Key Of Life (1976) hasta Hotter Than July (1980); inaugurando esa maravillosa serie con Music Of My Mind, su primer disco luego de independizarse de Motown. Ya a partir de Characters (1987) su música cambia, el sonido es otro, porque también los instrumentos son otros y es no es favorable al sonido de Wonder, suena a “chicle globo”, un sonido “blando”, sobre todo en canciones como “Skeletons” o “Get It”. Y allí Scott vislumbra una anticipación del sonido que luego daría a conocer Living Colour con su hard funk, porque lo que “era el sonido pasteurizado de la época –Characters, de Stevie Wonder- deja lugar a otro sonido-mucho más crudo, dirán, mucho más cerca del sonido de los setenta, de The Jimi Hendrix Experience o Sly & the Family Stone- pero que mira hacia el futuro enloquecidamente, que lo funda, tanto que aquí estamos, en 2020, más de treinta años después, y el sonido de White Stripes o de Artic Monkeys, esto es, el sonido de esta época o al menos un amplio espectro de su sonido, viene de aquel” En el mismo sentido apunta Scott al evaluar la capacidad de intervención política de la obra de Prince, porque tal vez éste traspasó el siglo XX para acceder al XXI sin problemas, mientras que Stevie y su música parecen pertenecer “a la canción beatle, al atormentado y licencioso siglo XX”.

En definitiva, son dos libros de amena lectura para los amantes de la música en general, más para los de la música negra, bien escritos, enfocados de diferentes perspectivas y, por ende, distintos. Recomendamos con entusiasmo estos libros de Gourmet Musical y también otros títulos de la editorial, que se destaca por sus trabajadas y cuidadas ediciones.

 

 

Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó en 2018.

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