“El vértigo de la existencia cotidiana”, sobre Sangre del día de Laura García del Castaño (Años luz editora), por Nicolás Pose

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Laura García del Castaño viene trabajando la palabra hace tiempo como lo confirma su producción y trayectoria con libros como La vida en que sueñas (Recovecos, 2012), El animal no domesticado (Pan comido, 2014), El sueño de Sara Singer (Llanto de mudo, 2014 y reeditado por Caleta Olivia en 2017) y Los demonios del mar (Ediciones del Dock, 2015)

Su último libro, Sangre del día, publicado por Años luz –una editorial con una fuerte apuesta estética en la nueva poesía argentina y latinoamericana, así como también en la narrativa– ­, construye un “yo” poético que desde lugares domésticos y cosas mínimas, avanza hacia estados de conciencia que van surgiendo sin permiso, puede ser un pensamiento a la par de la escritura o simplemente movimientos que interrogan al yo poético, que cuestionan la posibilidad y la imposibilidad para, en muchos casos, aceptar con resignación lo que falta, lo que no se puede asir, la carencia de lo que se desea, de lo esperable, la pérdida de una respuesta o una esperanza que, a veces, se traduce en una vacío existencial o en la proximidad de la muerte.

La muerte es la gran protagonista del libro, el tema que atraviesa y le da el tono al poemario. No sólo la muerte como fatalidad sino más bien como aceptación, como último momento de la vida: “Dos veces al día/ me pregunto/ dónde estará la muerte hoy”  “Toda fatalidad/  es una joya que lleva/ un alfiler escondido/ y está dispuesta a lucir y matar” (Dos veces al día) También está la mirada que describe a quien trabaja con la muerte y los muertos, por ejemplo en “Funebrero”: “Hueles a hombre desmontado/ a monedas oxidadas/ a días que no entibian a vinos picados/ a cielo vencido por el humo del incendio” De este tópico que abarca el libro se desprenden otros relacionados, como la superstición, esto es, aquellos hábitos o prácticas que conjuran contra la muerte. Así el poema que abre el libro “El tiempo de la superstición” es un extenso catálogo al estilo Whitman donde se enumeran diversas supersticiones para esquivar la muerte o ganar la salvación, creer en una posibilidad, pero finalmente se derrumba toda expectativa: “Al cabo de un tiempo olvidas/arrojas una vida al fuego/ andas con cenizas en los ojos / el enemigo asiste, el ángel devora/ sea cual sea el encantamiento / toda superstición al fin se desmorona”. A veces, la muerte y la  superstición están unidas como en “Me dijeron”, donde tal vez la voz de una empleado/a de una funeraria o de alguien que asiste a un velorio expone el chisme y los consejos que le dan sobre el cadáver que se está a punto de velar: “Me dijeron:/el alma se ve en los velatorios, el alma es un collar que/ viborea, se va para arriba.      Me dijeron:/ coloca un frasco vacío bajo el féretro y ayuda al alma a partir/ mansamente.”

Al leer Sangre del día uno podría pensar que la muerte no sólo es la falta de vida, porque quizás el mundo que habitamos, que vivimos, no está solamente poblado por los vivos y  los muertos sino que también hay intersticios, recovecos, entres ambos mundos. Y es justamente la superstición lo que hace presente el más allá, lo fantasmático, lo que está pero no se ve, es eso que rodea a las cosas, que a veces las presiona, las merodea, y que se resume en las imágenes de este breve y maravilloso poema: “La tirantez de las camas recién hechas/ la huella fresca/ la llave nueva /el pez que puntea el coral /la reverencia del esgrima /o de dos que combaten francamente / la mancha en la pared/ que los perros / lamen/ la polera estrecha que ahorca/ todo es hondo sexual y abandona /un pozo que ansía / una luz sin consuelo.”  No es la muerte, pero sí su presagio, porque las imágenes remiten a una incomodidad, a cierta presión, a una imposibilidad, un vértigo latente que no nos abandona; es, en definitiva, el temor a no poder superar el vacío de lo nuevo, el miedo a no saber nada del futuro (la superstición se usa para eso, para anticiparse y tratar de que venga un futuro afortunado; pero es una máscara, la superstición falla y sólo prevalece la creencia). Y finalmente también está la imposibilidad con la palabra, la falta de conexión, de comunicación, aunque estemos hiperconectados: “Estamos de alta, estamos online, / estamos cargados en el sistema/ estamos en silencio/ Tenemos dificultad con las palabras.”

Laura García Castaño en “Sangre del día” trabaja con imágenes domésticas, con imágenes arrebatadas a la naturaleza, como las plantas y los animales, y todo es tamizado por la misma mirada que testimonia, describe, pero que nunca sufre, porque acepta la imposibilidad y la pérdida que ofrece el universo, y así la sangre gotea secretamente en nuestra existencia durante los días que transcurren, los meses y los años, con naturalidad, con vacua naturalidad. Jotaele Andrade lo señala en el prólogo: “La mirada se cierne sobre la cotidianidad inmensa, expulsada por un yo que no intima con la fricción confesional, no confiesa, no; acá lo cotidiano se presenta más como testimonio que como subjetividad sufriente de hechos particulares”.

Poética que trabaja en el límite, que rodea los bordes y trata de captar ese intersticio entre lo que se cierra y lo que se abre, la grieta donde se cuelan diferentes temores en los momentos diarios y el vértigo de estar vivo. Ese tipo de presiones y miedos se condensan en el epígrafe que abre el poemario: “Cada día es la locura de edificar el sueño o el miedo de derrumbarlo”.

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Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó este año.

 

 

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