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Piedra Blanca

Este es un poema para inventar a Ulises,

para ponerlo como siempre a prueba.

 

Sabe que estoy sentada frente al mar,

que oigo cantar a las gaviotas, y no vuelve.

 

La última vez nos amamos

en este motel sin ventanas de la costa.

 

Este es un poema donde estoy sentada

sobre piedras blancas que no lo son.

 

Todos los peces que encallaron aquí

perdieron el camino al mar, sedimentados.

 

Sobre los esqueletos de miles de peces

se formó la arena blanca de la espera.

 

Ulises, estoy en Piedra Blanca. Honda

la bahía,  frente al mar, ¿lo recuerdas?

 

 

Urbe de la nada

(A Javier Marín)

 

 – Ninguna ciudad se parece a ésta- ,

me ha dicho el visitante.

 

En los atardeceres dulces o amargos

la roída fachada de edificios

se sobrepone al duro desteñir

de la pintura añeja,

y emerge por sobre las olas,

colorida y brillante,

como un arcoíris,

después de tanta lluvia.

 

La ciudad de las nostalgias,

y de los nostálgicos que la habitan,

no es ya, ha dejado de ser.

 

Una parte de sí

ha huido tras el recuerdo de lo que fue.

La otra se acabó resignando con lo que sueña ser.

 

Y este existir entre la realidad y la fantasía

la hace humana, luego ninfa,

hasta volverla diosa.

Y un día cualquiera, de no sé qué año,

te sorprendes adorando

la criatura de tu propio engendro.

 

Cuando te acercas a ella,

atraído por el influjo marino que despide,

eres sólo un soñador errante.

 

Pero cuando te arrastras

a refugiarte en su seno,

sorbido violentamente

por sus afrodisíacos vahos,

eres ya un perdedor,

un torpe enamorado de la nada.

 

– Ninguna ciudad se ama como a ésta- ,

concluye el visitante.

Y se marcha alucinado.

 

 

Luna de Capricornio en Cáncer

No lo creen

los astrólogos,

tampoco nosotros.

 

Los signos cardinales

jamás se tocan,

no hay posibilidad

astral alguna

de que suceda.

 

Sin embargo,

la luna húmeda,

redonda, frágil,

cuasi perfecta,

la plenitud

soñada

o simulada

de Capricornio

en Cáncer

sucede cada día

en mi recuerdo,

mientras se borra

minutos después

en el tuyo.

 

Y así seguiremos

desmintiendo

teorías.

Cardinalmente

amando y desamando

hasta el delirio

cosmogónico

más recóndito

de lo imposible.

 

 

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Aleisa Ribalta (1971, La Habana). Nacida en Cuba. Reside en Suecia desde 1998. Es ingeniera de profesión y actualmente se desempeña como docente de asignaturas demasiado técnicas y no directamente relacionadas a la literatura como: Diseño de Interfaces Gráficas, Diseño Web y Programación de Aplicaciones. Escribe desde muy joven mayormente poesía. Alega que los lenguajes de programación son también un modo de entender la comunicación y hasta de saborearla. Para la autora, en esos símbolos para algunos incomprensibles está también la literatura como forma vital de expresión. Talud (Ekelecuá Ediciones) es su primer poemario.