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Cuando nos invitaron a escribir esta nota, nos preguntamos cómo contar de qué se trata TANGO degeneradE: cómo hablar de quienes somos, cómo nos conocimos y llegamos a impulsar este y otros nuevos espacios en el particular mundillo del tango. Así surgió esta idea de entrevista mutua, desde nosotras hacia ustedes, para todes, como es el tango que buscamos habitar.

Entonces ¿Qué es TANGO degeneradE?

Es un taller de tango danza que impulsamos como iniciativa política dentro del mundo del tango, con la intención de aportar a la construcción de espacios transfeministas en la danza.

Desde el juego de palabras en el nombre, hasta en la forma en que pensamos un espacio particular para el aprendizaje colectivo desde las experiencias que todes traemos, queremos profundizar en la ruptura con una historia machista y sectaria que se suele reproducir en el ambiente del tango, de manera más o menos evidente o naturalizada, reivindicando ante todo la potencialidad de encuentro que nos propone habitar este lenguaje.

¿Quiénes somos y qué historias nos trajeron hasta acá?

Somos Solsi (Marisol Cerrini Madrid) y Maite (Anabella Maite Dobarro) y si bien tenemos dos historias bastante diferentes, también nos unen varios puntos en común: somos hijas de madres milongueras (lo cual leído en clave feminista es muy interesante), pasamos por la Universidad Nacional de las Artes en la carrera de Intérprete de Tango, aunque con experiencias disímiles, y nos conocimos participando del Movimiento Feminista de Tango (MFT)

Maite – Aprendí a bailar tango a los 15, pero recién empecé a milonguear pasando los 20. Me conecté fuerte con mi cuerpo cuando arranqué danza aérea, y a eso le sumé clases tradicionales hasta que supe de la carrera de Intérprete de Tango de la UNA. Llegué a la danza un poco tarde y con algunas desventajas, según el discurso instalado sobre el prototipo de una bailarina. Ingresé, me fasciné y me frustré constantemente, pero seguí insistiendo, y avanzando hasta hoy que estoy cursando las últimas materias. Estudiar folklore en la UNA me brindó muchas herramientas y experiencias positivas, pero no fue ahí donde pude encontrar respuestas a otros cuestionamientos de fondo. Fue el feminismo, entre otras instancias dolorosas (como haber sido parte de la racia de despidos del gobierno Macrista Leer crónica acá) lo que me llevó a reinventarme en mi deseo de dedicarme a bailar tango.Y hasta acá llegué por ahora, decidida a construir desde el transfeminismo disidente, con el arte y en el tango.

Solsi – Bailé toda la vida pero recién lo asumí como dimensión fundamental de quien soy cuando llegué al tango a los 18 años y me atrapó eso que aún hoy me sigue pareciendo mágico: dejar de ser cuerpos individuales al entrar en contacto y descubrir otras formas de percibirnos y encontrarnos. A los 22 estaba en la mitad de la carrera de Filosofía (UBA) y a medida que el tango cobraba más importancia en mi vida, empecé a cursar en la UNA. Afortunadamente, aterricé en la cátedra de tango a cargo de Maxi Ávila, donde se trabaja desde una perspectiva de equidad de género, problematizando la herencia sexista establecida, por lo que mi mirada y mi danza se construyeron desde un comienzo sobre esa base. Rápidamente empecé a generar, junto a otras personas, espacios de clases y milongas, urgida por difundir esta perspectiva. Finalmente dejé la UNA por no hallarme política e ideológicamente de acuerdo con el perfil fomentado en la carrera, y seguí con Filosofía, entendiendo que la danza y el pensamiento confluyen de una manera muy especial en mi interés. Luego me interioricé en el Contact Improvisación y empecé a experimentar con la combinación de elementos entre esta práctica y el tango. Hoy me considero investigadora y docente, tanto de Filo como de danza, y vivo atravesada por la lente transfeminista.

¿Qué nos impulsó a generar este proyecto?

Como ya contamos, ambas llevamos un amplio recorrido explorando la danza y el tango, pero recién nos conocimos a través del MFT hace unos meses nomás. Inscriptas en el activismo transfeminista, sostenemos que somos movimiento y revolución haciendo historia y creemos en nuevas formas de hacer tango.

El impulso fueron las ganas de crear, construir un proyecto donde se cuestionen los patrones de movimiento y los roles en la danza en relación a las construcciones político-sociales de género, donde disentir con supuestas realidades inamovibles, y problematizar fuertemente las desigualdades materiales y simbólicas que promueven los famosos “códigos” establecidos en el tango y en toda nuestra sociedad capitalista y patriarcal.

Desde estas ganas, creemos que si el tango alguna vez rompió tabúes, contó realidades y habló por muches, hoy lo puede seguir haciendo.

¿Qué relación tiene nuestra propuesta con el Tango Queer?

Entendemos que el Tango Queer en Buenos Aires (y en el mundo) abrió un camino fundamental para dislocar la relación naturalizada que había entre los roles en la danza y los roles sociales de género. Se dejó de hablar de “hacer de mujer” y “hacer de varón” y se empezó a trabajar el cambio de roles. Sin embargo, nosotras creemos que hablar de conductore-conducide (o su versión internacional: leader-follower) no es suficiente, porque esos roles aún cargan con la idea de actividad y pasividad, con patrones estéticos de movimiento binarios, con la diferenciación de competencias y responsabilidades en la danza… Fundamentalmente, arrastran la idea de que para comunicarse es necesario hacerlo desde roles establecidos, y nosotras proponemos bailar desde la autenticidad del encuentro de dos (o más) personas, sin tener que hacer acuerdos previos respecto a quién-va-a-hacer-qué mientras bailemos.

 ¿Cómo se sigue degenerando al tango?

Nos proponemos abrir este y otros talleres de investigación y aprendizaje horizontales, y organizar eventos como es La Disidente “milonga”, donde también conversan la danza y la música más allá de lo que canónicamente se reproduce en los espacios tangueros (“LA milonga”).

Teniendo en cuenta que la cultura independiente y autogestiva, y en particular el tango, son foco de persecución y censura por parte del Gobierno macrista de la Ciudad de Buenos Aires hace años, insistimos en la gestación de iniciativas que resistan creativamente al intento de silenciarnos. Además, en este contexto que estamos viviendo, nos parece urgente profundizar el cuestionamiento de la heteronorma y garantizar espacios donde nos sintamos cómodes, cuidades, reconocides y respetades en nuestras identidades.

Creemos intensamente que el tango es una gran excusa para abrazarnos y acompañarnos en la transformación constante de lo que somos.

Para cerrar, nos parece importante darle voz a les participantes del Taller de TANGO degeneradE que se desarrolló durante octubre en Feliza, por lo cual transcribimos aquí algunas reflexiones surgidas allí.

¿Cómo se puede conectar con le otre? ¿Qué significa concretamente?

Conectar con les otres, para mí, es buscar conjuntamente cómo pasarla bien. En concreto, yo siento que conecto cuando, más allá de lo que nos salga hacer, la pasamos bien y nos hace bien.

¿Por qué es más fácil conectarse acá? ¿Y por qué los “errores” ya no se sienten como errores? ¿Será una predisposición?

Porque no estamos pensando en la danza como una sucesión perfecta de pasos, sino como un lenguaje entre dos personas que se comunican con el cuerpo.

¿Qué nos olvidamos cuando bailamos?

Quizás aquello del mandato de hacer las cosas “bien”. Quizás algún pesar.

¿Cómo se modifica lo que soy cuando bailo?

Cuando nos disponemos a escuchar el cuerpo de les otres, nos ponemos en sintonía con elles y al mismo tiempo con nosotres mismes. Entonces, vemos lados nuevos y facetas no descubiertas.

¿Cómo podríamos hacer coexistir esta bella manera de bailar con las “marcaciones clásicas”?

Ocupando los espacios y transformándolos; creando nuevos y confiando en nuestras ganas.