Caracol

Pintura+Poesía

Por María Crista Galli

mundo interior

Aquella sombra no era muy oscura ni densa;

se entremezclaba con la claridad del cielo que comenzaba a enrojecer.

Alcanzó por fin aquella parte,

más real y húmeda que todo.

Aún temblaba al dormir,

como un pajarito recién nacido,

en aquel sarcófago rosado

que pedía de alimento su alma diminuta.

 

Al tiempo despertó; siempre se despierta de los sueños.

Pero en la vida no.

No se puede despertar de la vida,

Ojalá se pudiera despertar de la vida.

María Crista Galli (1985, Buenos Aires) no se define experta en ningún área específica salvo la inquietud. Todo se mueve menos el cambio es el lema taoísta que mejor define su forma de aprendizaje y de vida. Su pasión se extiende desde la traducción, que estudió formalmente, hacia distintas áreas artísticas y culturales, como la danza, la poesía y las artes plásticas. Actualmente cursa estudios de floricultura en la Universidad de Buenos Aires.  Su objetivo es lograr un ensamble de todas las áreas que la apasionan, principalmente de la escritura y la botánica.

“Un libro vacío es un cuaderno”, por Vico Bueno

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Vico Bueno (1988, Rosario) Su eje es la pintura, es fan del óleo, pero también se expresa con otras herramientas. Tatúa a mano, saca fotos con el celu, dibuja, en general con puntitos, hace videos cortos. Cree que se puede sacar mucho jugo de una selfie. Le interesa lo tridimensional, resignifica residuos. Escribe un poco. Pinta remeras a mano. Ama los colores. A veces hace murales.

Estudió Bellas Artes y se formó paralelamente junto a varios artistas, entre elles Claudia del Río, Carlos Herrera, Juan Hernández, Ernesto Ballesteros y Diego Bianchi.

Este año presenté mi cuarta muestra individual “The Space Between” en Estudio G, Rosario.

Ilustraciones por María Luque

se cortó la luz y seguí cimiendo tallarines en la oscuridad

Se cortó la luz y seguí comiendo tallarines en la oscuridad.

 

me voy a comprar flores y ravioles

Me voy a comprar flores y ravioles.

 

soñé que sin querer hacía una fiesta

Se juntaron muchos libros en la mesa de luz y se chocan con la lámpara.

 

dice malevich que vayan al hermitage

Dice Malevich que vayan al Hermitage.

 

 

María Luque nació en Rosario y vive en Buenos Aires. Desde 2005, exhibe sus trabajos en museos y galerías de Argentina, Chile, Perú, México y España. Trabaja como ilustradora editorial y coordina talleres. En 2011 creó el proyecto “Merienda dibujo”, una serie de encuentros con artistas. Es cofundadora del Festival Furioso de Dibujo. Participó de “Informe, historieta argentina del siglo XXI”, publicado por la Editorial Municipal de Rosario. Es autora de “La mano del pintor”, una novela gráfica sobre Cándido López (Sigilo, 2016, L’Agrume Éditions 2017) y “Casa transparente” (Sexto Piso, Premio Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas).

http://cargocollective.com/marialuque – mariajluque@gmail.com

La gran adivinadora

Relato breve + Pintura

por María Crista Galli

 

La gran adivinadora

“En tu pecho brillan los astros de tu destino”

F. Schiller, Wallenstein.

 

Una forma antiquísima de leer el futuro era la lectura de caparazones de tortuga, que luego resultó en la lectura del I-Ching. Este tipo de pronóstico mágico que concedía poder oracular a las fracturas o líneas diagramadas, azarosamente, en caparazones de tortuga o, previamente, en las hojas de la aquilea, incumbía más a gobernadores, emperadores y guerreros que deseaban saber el resultado de sus configuraciones estratégicas y el futuro del pueblo. No se consultaba sobre la fortuna personal. La oniromancia, otro tipo de adivinación,   recobró importancia gracias al psicoanálisis que en lugar de  presuponer que el sueño es un presagio del futuro (destino individual) interpreta este intrincado lenguaje específico como un acervo de imagos (arquetipos)  y deseos individuales ocultos, inmaduros o reprimidos. El psicoanálisis le da especial importancia a este último poder de la vida imaginaria onírica  que en el proceso de transferencia es crucial: el sueño es para el inconsciente lo que la materia a la luz ya que revela  su contenido.  En el Talmud, ya lo decía Rav Jisda: un sueño que no se interpreta es una carta que no se lee.

Los pueblos originarios llevaban una intensa vida interior que configuraba gran parte de sus destinos, es decir, de su vida exterior, y hasta podría pensarse que no existía delimitación entre el consciente y el inconsciente. Hoy en día se subestima demasiado la causalidad en el sector psíquico, pues en él, no existen las “casualidades”.  Así, lo que en la antigüedad parecía un presagio milagroso, una adivinación fortuita o, simplemente, la vigilia misma, la coincidencia de un sueño con la realidad (inmediata o mediata) no es más que una lectura finísima del universo que pone en marcha, de antemano, el alma. Como dijo Karl Abraham, el sueño es el mito del individuo.  Primo hermano del inconsciente, nos susurra siempre la verdad al oído, nunca engaña, pero nosotrxs, presxs torpes de la razón, no lo escuchamos. Madre terrible, tumba sabia de la eternidad, es la visión de la oscuridad.

 

María Crista Galli (1985, Buenos Aires) no se define experta en ningún área específica salvo la inquietud. Todo se mueve menos el cambio es el lema taoísta que mejor define su forma de aprendizaje y de vida. Su pasión se extiende desde la traducción, que estudió formalmente, hacia distintas áreas artísticas y culturales, como la danza, la poesía y las artes plásticas. Actualmente cursa estudios de floricultura en la Universidad de Buenos Aires.  Su objetivo es lograr un ensamble de todas las áreas que la apasionan, principalmente de la escritura y la botánica.

“Opuestos”, por Fernando Montoya

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Título: Entrelazamiento cuántico.

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Título: Memorias de Tokyo.

Fernando Montoya (1979, Colombia) es arquitecto urbanista, se especializó en conocer temáticas relacionadas con los procesos de conformación de hábitats marginales en los países de Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia, las políticas de gestión y mejoramiento integral, así como procesos de regularización de dichos asentamientos. Desde 2009 ha venido ingresando y cultivándose en el campo artístico con fotografía, producción audiovisual (cortometrajes) y sobre todo con pintura. A la fecha se encuentra cursando Mg en artes electrónicas (UNTREF) y tejiendo en esta área, las experiencias arquitectónicas, de intervención urbana y las plásticas.

Con la sangre en el ojo

Serie de pinturas

por Andrea Gigante

Sin título. Lápiz y acrílico sobre papel. 2016

 

Esta vida perra. Acrílico sobre papel. 2017

 

Roberto. Óleo sobre tela 60 por 90. 2017

 

El potasio del morocho. Óleo sobre tela 60 por 90. 2017.

 

 

Andrea Gigante (1987,Buenos Aires) Su abuelo Roberto Gigante, a quien no llegó a conocer, fue dibujante de humor gráfico en la revista Caras y Caretas. Su otro abuelo hacía manualidades con la cascara de las naranjas, pero era esencialmente peluquero. Su abuela leía las manos y su otra abuela hacía las mejores tortas marmoladas. Un poco de allí, un poco de allá: La sangre de su madre y su padre, impregnada por afinidades artísticas.

Asistió a talleres desde niña. Dentro de sus primeros referentes se encuentra Ana María Caputo, su primera profesora de artes plásticas que arrojó luz en lo que ya parecía ser su vocación.

Luego, tuvo un breve paso por la actual UNA y finalmente desarrolló su Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad del Museo Social Argentino, donde actualmente se desempeña como docente en el área de Pintura con Modelo Vivo. Quienes fueron pilares de su formación como dibujante y pintora, se encuentran: Marcia Schvartz, Eduardo Iglesias Brickles y Andrés Bestard.

Hoy en día, da clases en Hacer taller y Cromático Arte, tanto a adultos como a niños. Su primer fanzine se llamó “Mujer roja”, Fruta ediciones. Hace un mes salió su segundo Fanzine “Los ojos” basado en una poesía de Fernando Pessoa.

 

Metafísica del interior, sobre “Juan Florido, padre e hijo minervistas”, por Isabel Lacatol

 “Juan Florido, padre e hijo minervistas”, Ezequiel Martínez Estrada.

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El espacio físico es un elemento fundamental en Juan Florido, padre e hijo minervistas, da cuenta de las distintas jerarquías sociales y las relaciones de poder que operan en una comunidad. En lo que pasa adentro y fuera del palacio es posible rastrear una visión de mundo: el adentro representa lo asfixiante, mientras que el afuera remite a las amenazas y los peligros de la sociedad moderna. Martínez Estrada parece decirnos que no hay lugar seguro, según Jorge Panesi “toma el campo de lo literario como el terreno más propicio para dirimir cuestiones que no se podrían resolver ni siquiera dentro de la teoría sociológica o política”.

Retomemos la trama del cuento. Florido padre viene de España, junto con su mujer, el hijo muerto conservado en un frasco y su otro hijo llamado Juan Florido. Apenas llega es recibido por el general Mitre, quien le ofrece un puesto como minervista para la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco. Este empleo le sirve para poder alquilar una habitación en el Palacio Bisiesto, a poco tiempo de su llegada Florido puede acceder a un lugar de cierto privilegio social, “En seguida, alquiló la habitación número ochenta y seis del Palacio Bisiesto, en el tercer cuerpo de la planta baja o platea”. El dato sobre la localización de la habitación no es menor ya que el palacio tiene la misma disposición que un teatro tradicional, “A la planta baja la denominaban los inquilinos la platea, al primer piso la tertulia al segundo la cazuela y al tercero el paraíso. El paraíso era el verdadero infierno porque era preciso subir por escaleras hasta él, bajar y subir las mujeres para lavar la ropa y cualquier diligencia, todo lo cual los ponía de mal humor, enconándolos contra los habitantes de otros pisos y entre sí.”

La familia Florido es considerada por los vecinos como aristocrática, la forma de vida que llevan genera antipatía; cuentan con una entrada doble de dinero dado que padre e hijo trabajan en el mismo lugar. A los ojos de los demás tienen costumbres lujosas: los sábados van al teatro y toman chocolate con churros. Ese día la madre hace la compra especial de pescado, aceitunas y otros alimentos. Los domingos hacen un concierto con el laúd, la herencia familiar.

Otro rasgo que les da cierta particularidad son los frecuentes dolores de cabeza del padre y del hijo, “Horas y horas permanecían así, y nadie podría decir si conservaban aún el don de la palabra.” Con el dolor de cabeza Martínez Estrada muestra las estrecheces de los espacios donde estos personajes se mueven. Por otro lado, la idea del encierro también se puede apreciar en el procedimiento, como si fuera una caja china, dentro del relato principal se introduce la historia de Dámaso Quegetta sobre la mujer que conoce en la calle, a su vez la mujer narra un episodio de su vida. Esas historias no tienen espacio para tener un desarrollo propio.

La posición de la familia Florido también se ve reflejada en la descripción de la habitación, “los otros dos cuadros que adornaban las paredes eran los del hermano torero muerto y de Krishnamurti, pues el minervista estaba muy al tanto de la literatura teosófica”, y “la biblioteca del hogar se componía de media docena de libros, entre ellos, El apoyo mutuo de Kropotkin, Fuerza y materia de Buchner y Así hablaba Zaratrusta de Nietzsche.”

El vecino que va a pedir la ropa del padre y que finalmente se queda a comer,  pone en juego las relaciones de poder, se niega a reconocer a la familia Florido como diferente.

“Qué pescado fino, agregó señalando con los ojos el plato. Debe ser corvina.

– Lenguado.

-¿No les dije? Ustedes son el Bisiesto la aristocracia. Nosotros somos en comparación unos miserables. Pescado…yo lo como una vez por año, cuando me invitan. ”

(Martínez Estrada, 1975, p.308)

“¿Me permite otra presa? Está lindo el bacalao”.

(Martínez Estrada, 1975, p.309)

“¿Siempre tiene la guitarra?”

-No es una guitarra; es un laúd- corrigió Juan Florido.

-Bueno, la guitarra esa.”

(Martínez Estrada, 1975p.308)

Weinberg afirma que en la ficción, que se da en paralelo a la producción ensayística de Martínez Estrada, se puede leer el desencanto que produce la modernidad, hay una preocupación por el tiempo y el espacio. En Juan Florido, padre e hijo minervista, encontramos descripciones de lugares laberinticos y asfixiantes, con multitudes agrupadas viviendo “en estado de guerra”, por otro lado el tiempo de enunciación es el pasado, no hay presente, “Juan Florido, el padre, moría tres días antes de cumplirse cuarenta años de su llegada al país, a los sesenta y dos de edad.”

El cuerpo en descomposición del padre expulsa a su familia, tienen que salir a dar vueltas por el palacio. Sin embargo la amenaza del encierro nunca desaparece, Juan Florido es llevado al cementerio en un coche fúnebre para niños.

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Imagen: Giorgio de Chirico.

 

Isabel Lacatol (1984, Santa Cruz) Es Profesora de Filosofía y Diplomada en Gestión Cultural. Estudia Letras en la UBA. Trabaja como docente, prensa y comunicación de eventos. Editora en Revista Le Folie.