Teatro: El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón

Reseña teatral

por Lara Salinas

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Salvadora Medina Onrubia vuelve a la vida. En un minucioso trabajo de recuperación documental, Andrea Ojeda, Gilda Sosa y María Victoria Felipini ofrecen a los espectadores una puesta en escena sorprendente que nos acerca a esta escritora de principios de siglo XX, prácticamente desconocida en la actualidad, a diferencia de su amiga la poetisa Alfonsina Storni: mujeres que cuestionaron enardecidamente las costumbres burguesas y conservadoras de la sociedad porteña.

Formar parte de un canon literario es desafiar a la muerte, es adoptar cierta forma de inmortalidad. Este fue un goce que a Salvadora le negó la historia, presumiblemente por sus contradicciones más superficiales: fue vocera de los reclamos de los trabajadores siendo la dueña de un periódico; era ferviente defensora del amor libre, aunque formó una familia tradicional; injustamente, pasó a la historia como la militante anarquista y millonaria que llegaba a las manifestaciones en su Rolls-Royce.

En cada función, Andrea, Gilda y María Victoria le dan vida a Salvadora a partir de los elementos que, un siglo después, testimonian su existencia: libros con sus obras teatrales y poesías, fotografías, recortes de diarios, cartas y accesorios empolvados por haberlos olvidado y descuidado tantos años. Acercan a los espectadores que no están familiarizados con esta fantasma vida y obra de quien quiso ser mucho más que un bello adorno: “Somos las que sufrimos y nos revelamos a nuestra condición estúpida de muñecas de bazar. Saber ser mujer es admirable y nosotras solo queremos ser mujeres en nuestra espléndida feminidad”, escribió en una oportunidad.

En el teatro, uno de los territorios en los que Salvadora desplegó su creatividad, las actrices se donan en cuerpo y alma para que nos enamoremos, una vez más, de una mujer increíble e inmerecidamente desconocida.

Actualmente “El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón” se presenta en El Astrolabio Teatro del barrio Villa General Mitre (CABA), pero a partir de julio la obra estará de gira por el noroeste argentino en San Miguel de Tucumán, Salta, Jujuy y Catamarca. ¡No se la pierdan!

 

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Funciones: domingos, 20 hs.
Lugar: El Astrolabio Teatro (Terrero 1456, CABA)
Entradas: $300-. | Desc. estudiantes y jubilados $200 | Promo compra anticipadas 2 x $500 en alternativateatral
Informes y reservas: 4581-0710 | elastrolabioteatro@gmail.com

Ficha técnica
Dramaturgia: Andrea Ojeda, Gilda Sosa, María Victoria Felipini
Elenco: María Victoria Felipini, Gilda Sosa
Vestuario: Julieta Fassone
Escenografía: Walter D. Lamas
Pelucas: Jorge Palacios
Música: Susana Ratcliff
Edición de sonido: Susana Ratcliff, Gilda Sosa
Diapositivas y diseño gráfico: Gilda Sosa
Voces en Off: Jorge Capussotti, Diego Cazabat, Hugo De Bernardi, Guillermo Gaciobaquiola, Patricio Villanueva
Operación técnica: Vicky Balay – Julieta Cazabat
Fotografía: Mariana Sánchez
Video: LEEK Productora Audiovisual
Redes: @salvadorateatro
Prensa: Octavia Comunicación
Compañía Vértigo Enero
Dirección general: Andrea Ojeda

 

Lara Salinas (1989, Buenos Aires) es Profesora y Licenciada en Letras de la UBA. Estudió Producción Cultural y formó parte de diferentes proyectos artísticos como productora. Trabaja como bibliotecaria y escribe crítica de cine y teatro.

 

 

El vértigo de la existencia cotidiana

Novedades Editoriales: Sangre del día de Laura García del Castaño (Años luz editora)

por Nicolás Pose

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Laura García del Castaño viene trabajando la palabra hace tiempo como lo confirma su producción y trayectoria con libros como La vida en que sueñas (Recovecos, 2012), El animal no domesticado (Pan comido, 2014), El sueño de Sara Singer (Llanto de mudo, 2014 y reeditado por Caleta Olivia en 2017) y Los demonios del mar (Ediciones del Dock, 2015)

Su último libro, Sangre del día, publicado por Años luz –una editorial con una fuerte apuesta estética en la nueva poesía argentina y latinoamericana, así como también en la narrativa– ­, construye un “yo” poético que desde lugares domésticos y cosas mínimas, avanza hacia estados de conciencia que van surgiendo sin permiso, puede ser un pensamiento a la par de la escritura o simplemente movimientos que interrogan al yo poético, que cuestionan la posibilidad y la imposibilidad para, en muchos casos, aceptar con resignación lo que falta, lo que no se puede asir, la carencia de lo que se desea, de lo esperable, la pérdida de una respuesta o una esperanza que, a veces, se traduce en una vacío existencial o en la proximidad de la muerte.

La muerte es la gran protagonista del libro, el tema que atraviesa y le da el tono al poemario. No sólo la muerte como fatalidad sino más bien como aceptación, como último momento de la vida: “Dos veces al día/ me pregunto/ dónde estará la muerte hoy”  “Toda fatalidad/  es una joya que lleva/ un alfiler escondido/ y está dispuesta a lucir y matar” (Dos veces al día) También está la mirada que describe a quien trabaja con la muerte y los muertos, por ejemplo en “Funebrero”: “Hueles a hombre desmontado/ a monedas oxidadas/ a días que no entibian a vinos picados/ a cielo vencido por el humo del incendio” De este tópico que abarca el libro se desprenden otros relacionados, como la superstición, esto es, aquellos hábitos o prácticas que conjuran contra la muerte. Así el poema que abre el libro “El tiempo de la superstición” es un extenso catálogo al estilo Whitman donde se enumeran diversas supersticiones para esquivar la muerte o ganar la salvación, creer en una posibilidad, pero finalmente se derrumba toda expectativa: “Al cabo de un tiempo olvidas/arrojas una vida al fuego/ andas con cenizas en los ojos / el enemigo asiste, el ángel devora/ sea cual sea el encantamiento / toda superstición al fin se desmorona”. A veces, la muerte y la  superstición están unidas como en “Me dijeron”, donde tal vez la voz de una empleado/a de una funeraria o de alguien que asiste a un velorio expone el chisme y los consejos que le dan sobre el cadáver que se está a punto de velar: “Me dijeron:/el alma se ve en los velatorios, el alma es un collar que/ viborea, se va para arriba.      Me dijeron:/ coloca un frasco vacío bajo el féretro y ayuda al alma a partir/ mansamente.”

Al leer Sangre del día uno podría pensar que la muerte no sólo es la falta de vida, porque quizás el mundo que habitamos, que vivimos, no está solamente poblado por los vivos y  los muertos sino que también hay intersticios, recovecos, entres ambos mundos. Y es justamente la superstición lo que hace presente el más allá, lo fantasmático, lo que está pero no se ve, es eso que rodea a las cosas, que a veces las presiona, las merodea, y que se resume en las imágenes de este breve y maravilloso poema: “La tirantez de las camas recién hechas/ la huella fresca/ la llave nueva /el pez que puntea el coral /la reverencia del esgrima /o de dos que combaten francamente / la mancha en la pared/ que los perros / lamen/ la polera estrecha que ahorca/ todo es hondo sexual y abandona /un pozo que ansía / una luz sin consuelo.”  No es la muerte, pero sí su presagio, porque las imágenes remiten a una incomodidad, a cierta presión, a una imposibilidad, un vértigo latente que no nos abandona; es, en definitiva, el temor a no poder superar el vacío de lo nuevo, el miedo a no saber nada del futuro (la superstición se usa para eso, para anticiparse y tratar de que venga un futuro afortunado; pero es una máscara, la superstición falla y sólo prevalece la creencia). Y finalmente también está la imposibilidad con la palabra, la falta de conexión, de comunicación, aunque estemos hiperconectados: “Estamos de alta, estamos online, / estamos cargados en el sistema/ estamos en silencio/ Tenemos dificultad con las palabras.”

Laura García Castaño en “Sangre del día” trabaja con imágenes domésticas, con imágenes arrebatadas a la naturaleza, como las plantas y los animales, y todo es tamizado por la misma mirada que testimonia, describe, pero que nunca sufre, porque acepta la imposibilidad y la pérdida que ofrece el universo, y así la sangre gotea secretamente en nuestra existencia durante los días que transcurren, los meses y los años, con naturalidad, con vacua naturalidad. Jotaele Andrade lo señala en el prólogo: “La mirada se cierne sobre la cotidianidad inmensa, expulsada por un yo que no intima con la fricción confesional, no confiesa, no; acá lo cotidiano se presenta más como testimonio que como subjetividad sufriente de hechos particulares”.

Poética que trabaja en el límite, que rodea los bordes y trata de captar ese intersticio entre lo que se cierra y lo que se abre, la grieta donde se cuelan diferentes temores en los momentos diarios y el vértigo de estar vivo. Ese tipo de presiones y miedos se condensan en el epígrafe que abre el poemario: “Cada día es la locura de edificar el sueño o el miedo de derrumbarlo”.

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Nicolás J. Pose (1980, Buenos Aires) Estudió  letras en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo el primer premio de narrativa en el VIII Certamen internacional de Poesía y Narrativa Breve organizado por la editorial De los cuatro vientos y fue finalista en el III concurso de narrativa Eugenio Cambaceres(2012) organizado por la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Publicó el libro de cuentos La Performance (De los cuatro vientos, 2005) y, en colaboración con Juan Pablo Bertazza, Manuel Pose y César Rexach los ensayos de Libres del Libro (UAI, 2017). También ha escrito textos literarios, críticas y reseñas en diversos medios culturales como El interpretadorNo retornable, la revista Siamesa y MALBA Cine. Por una cabeza, su primera novela, se publicó este año.

 

 

RIGHT NOW

Novedades Musicales: MAR1ASOL

 

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New single

 

MAR1ASOL. Growing up in Buenos Aires, Argentina the multi-talented R&B/neo-soul singer songwriter painfully shy and says she rarely spoke to anyone
Writing her first song “Till It’s Over” at the age of 19, Mar1asol, now just 21, is emerging with her own six track mixtape Luvsteps, a sensual and seductive collection deeply influenced by the R&B, hip-hop and neo-soul artists she grew up listening to, including Kehlani, SZA, H.E.R., Mila J and Toni Braxton. While she wrote all the melodies and lyrics, the beats and production were created by her husband and musical collaborator Lucas Finocchi (aka Low.97)
Maria dubs herself “Mar1aSol” after the artist name used by her mother, a professional singer specializing in romantic pop music.

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Registro Fotográfico

por Fridah Murueta

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Fridah Murueta (Cd.México, 1981) se ha desempeñado y trabajado como diseñadora, fotógrafa y realizadora audiovisual para proyectos de índole social y comercial. Desde hace algunos años, su vida fluctúa entre México y Barcelona. Es viajera y apasionada de culturas, sociedades y formas de vida que retroalimenten el pensamiento y el desarrollo humano. Su búsqueda se focaliza en los medios de comunicación como transmisores de mensajes de valor, porque cree firmemente que el conocimiento, la educación y la conciencia social nos llevarán a un mundo mejor. Con su hacer hoy por hoy intenta expresar al mundo lo importante que es ser SER HUMANO, aportando a la construcción de una sociedad más sana, más sensible, más FEMENINA.

Dar lo que no se tiene a quien no lo es

Ensayo sobre el amor desde una perspectiva psicoanalítica

por Lic. Victoria Campos

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“El amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide… aún. Aún es el nombre propio de esa falla de donde en el Otro parte la demanda de amor”

(Lacan, Jacques)

 

Su estructura y perfección, en todos los campos de su vida, permitía que circulara como por una ruta demarcada donde sabía cuál era el destino. Podía describirse como una excelente profesional, hija, amiga y pareja. Al mismo tiempo, nada de eso le permitía sentirse plena. Su trabajo era monótono y sentía que no podía aplicar todo su conocimiento, por otro lado su pareja era un hombre correcto, atractivo pero no le despertaba deseo. El deseo surge de la hiancia entre necesidad y demanda. Deseo es siempre deseo de alguna otra cosa, es un punto central para el psicoanálisis, Jacques Lacan lo ubica en su justo lugar: “el deseo es la esencia del hombre”. De ahí que el objetivo del psicoanálisis sea llevar al analizante a reconocer la verdad sobre su deseo.

Un día sin buscarlo, como dice ella, un hombre le escribió por las redes sociales y algo empezó a construirse y a conmover su mundo. Un mundo imaginario, cargado de ilusiones, expectativas, proyecciones. Se sentía entusiasmada, la tonalidad de grises en la que sucedía su vida comenzó a tomar colores. Al mismo tiempo, observaba que su compañero de vida no la miraba ni la registraba, todo evento que ocurría entre ellos le provocaba angustia. No podía decir nada de esto, no se mostraba en falta, solo lo sostenía. Se encontró con ese hombre, pasando de lo virtual a lo real, sintiéndose totalmente atraída por éste, pero aclaró que se encontraba en pareja. El contacto virtual continuó, entonces tomó la decisión de terminar su relación. Volvió a encontrarse con este hombre, en el intento de ser uno. Amor es lo que engaña, decía Lacan, porque es donde se cree en la ilusión que dos pueden hacer uno.

Pasaron los días y ella no volvió a saber de él. La angustia la inundaba, el dolor la consumía,  se castigaba “me voy a lugares oscuros”. En conversación con una conocida se enteró que el hombre había regresado con su ex mujer, “mientras me lo contaban  yo dejé de escuchar, todo se detuvo”.

El amor en su esencia es narcisista, ese narcisismo evidencia su impotencia, el deseo de ser uno introduce una imposibilidad de establecer la relación de dos, por un instante parece conseguirse ese fin, lo que viene después es siempre es un encuentro fallido. Lacan expresa “el goce del otro no es signo de amor”, de ahí la diferencia entre goce y amor.

El sujeto se engaña y a su vez engaña el asunto del deseo, a eso lo denomina amor. El amor se presenta como deseo al otro, “sos mi deseo” o “yo soy tu deseo”, pero inmediatamente de esa presentación llega el sufrimiento acompañado de una imposibilidad para completarse. No se puede alcanzar el alma gemela o la completud. Hay sujetos que esperan toda la vida su complemento, alguien para ser uno. Esa es la demanda que surge en la clínica: el sujeto entiende que por su falta siempre debe de haber otro a quien dirigirse para poder colmarse. La apuesta del trabajo clínico es hacer que esa demanda se convierta en demanda de trabajo clínico para que se pueda hacer algo con ella, ubicándola en el camino del deseo, poder hacer con la propia falta en ser.

¿Desde dónde se ama? ¿A quién se ama? Lacan dice “amar es dar lo que no se tiene (nuestra falta en ser), a quien no lo es”, amar es mostrarse en falta, revelar que algo quiere alcanzarse del otro, es por esto que amor involucra la castración y amar es un poco experimentar esa falta, esa castración. ¿A quién no lo es? a esos objetos primarios perdidos, que nos conducen a la vía del deseo y el camino a transitar, con intentos de recuperación de aquello perdido, pensando que algún día lo encontraremos, pero lo perdido es estructural, lo cual nos invita a crear con esa falta y aceptar la falta del otro. El amor se soporta en la castración, es justamente porque No hay relación sexual, frente a lo cual el amor será una vía privilegiada para articular goce y deseo. El goce no se dirige al Otro, es más bien autista, se goza del cuerpo. El amor permite enlazar el goce a un partenaire, ya que incluye el deseo.

Ella no pudo mostrar su falta, ni aceptar la falta del otro, ya que continuaba sosteniéndolo como ideal. No pudo ver que ese otro no contó con las herramientas subjetivas que dieran de su ausencia, lo que nos habla de una carencia simbólica. Al mismo tiempo, la forma descarnada en el que el otro mostró su falta, la ubicó con su propia falta, ella hizo carne su falta y la del otro. 

Todos inventamos un truco para llenar el agujero en lo real. Allí donde no hay relación sexual, eso produce “traumatismo”. Uno inventa. Uno inventa lo que puede, por supuesto.

Las dificultades del encuentro entre los sexos, es una cuestión estructural (a esto se refiere Lacan con el “no hay relación sexual”) pues no hay nada escrito o predestinado que adjudique al sujeto su objeto de satisfacción, o la complementariedad. Y si no hay nada escrito, hay todo por tratar de escribir allí: el amor puede ser el engaño que vele esta falta, un semblante más, allí, ante lo real.

 

 

María Victoria Campos (1984, Neuquén) Lic. en Psicología, egresada de la Universidad de Buenos Aires y  Especialista en Psicología Clínica con Orientación psicoanalítica en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente trabaja en el equipo de apoyo y orientación profesional a instituciones educativas en Neuquén Capital, atención clínica de adolescentes y adultos en consultorio privado y es perito de oficio en el Poder Judicial de la Provincia de Neuquén.

 

 

 

 

 

Teatro: Bombón Vecinal

Reseña teatral: Bombón Vecinal

por Lara Salinas

 

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Foto de Marcelo Zappoli, “Lo único que quiero es bailar” (Josefina Gorostiza)

 

Los vecinos del Abasto prepararon una serie de espectáculos en sus casas, lugares de trabajo y las calles del barrio. Este evento formó parte del FIBA 2019, un festival teatral que sucedió a fines de enero y se extendió durante el mes de febrero. Bombón Vecinal se caracterizó por la creación de diversas propuestas a partir de su locación un sitio específico y las búsquedas formales entre diferentes lenguajes artísticos. Cada propuesta duró aproximadamente media hora, como para –como si fueran bombones– degustar más de una por noche.

Uno de ellos, “Lo único que quiero es bailar” de Josefina Gorostiza, se situó en el estudio fotográfico de Marcelo Zappoli, quien también para este ciclo realizó un álbum de fotos en el que reflejó la vida puertas adentro de sus vecinos. En medio de las luces de neón de su estudio, ocho mujeres de la cuadra se presentaron bailando y, a medida que transcurrió la media hora que duró la función, cada una esbozó su personalidad al son de los ritmos que ofreció Vero Gerez. Conocimos en fragmentos sus gustos y disgustos, sus miedos y sus historias. Algo de hipnótico hubo en ver mujeres tan distintas entre sí ofreciéndose como lo hicieron, disfrutando el momento, compartiendo sus tristezas y contagiando la alegría que traían a cuestas.

Una propuesta completamente diferente fue el circuito a pie “Zoraida, la reina del abasto” de Mariano Stolkiner. Zoraida Saldarriaga actualmente trabaja como personal de limpieza en el teatro El Extranjero, de la calle Valentín Gómez. Por medio de grandes auriculares luminosos, conocimos un tiempo particular en su vida, cuando llegó de Colombia, se enamoró y desenamoró en los distintos lugares del barrio. En la caminata, el grupo paró en diferentes espacios que marcaron un antes y un después para ella. Los amores terrenales y divinos confluyeron con naturalidad en su relato, acompañados también por la música de su país y su comunidad. Los que asistimos tuvimos la posibilidad de elegir a dónde dirigir nuestra atención o a quiénes observar en cada una de nuestras paradas, lanzarnos miradas cómplices e intercambiar emociones solo con nuestra postura corporal: las palabras de Zoraida nos volvieron una suerte de actores involuntarios.

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Foto de Lau Castro, “Lo único que quiero es bailar” (Josefina Gorostiza)

 

Otro lugar donde el amor estuvo presente fue en cada una de las canciones que se escucharon en el taller mecánico de Pini (Marcos López). Ahí el dueño manejó un karaoke y convidó pizza, gaseosa y vino a quienes quisieron quedarse a bailar y a los que se animaron a cantar.

De este ciclo también participaron “La mujer que soy” de Nelson Valente, “La vespertina” de Romi Sak y Natalia Chami, “¡Cuidado! Estamos trabajando en el Abasto” de Helena Tritek y Norma Aleandro, “Cómo explicar el arte a una liebre muerta en 2059” de Rodrigo Arena y “No tengas miedo no” de Moro Anghileri. Las entradas para las distintas propuestas de Bombón Vecinal fueron gratuitas; muchos de quienes no llegamos a verlas todas estamos a la expectativa de que llegue marzo para saber si  el ciclo continúa el mes que viene.

 

 

Lara Salinas (1989, Buenos Aires) es Profesora y Licenciada en Letras de la UBA. Estudió Producción Cultural y formó parte de diferentes proyectos artísticos como productora. Trabaja como bibliotecaria y escribe crítica de cine y teatro.

 

 

Amor al arte

Serie de Fotografías sobre el proceso de producción de la carroza “Apocalipsis”, al sur de Colombia

por Fernanda Patiño

 

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La presente obra documental relata el proceso de producción de la carroza “Apocalipsis” dentro del marco del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto en Nariño, al sur de Colombia. Los artesanos han trabajado arduamente durante 1 año en la preparación de un evento como lo es el Desfile Magno del seis de enero que se celebra cada año en la capital del sur.
Los detalles que se encuentran detrás de esta laboriosa creación se desarrollan por manos artesanas, involucrando familias y amigos que se suman a la fiesta cultural más grande y representativa del pueblo pastuso como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad (UNESCO, 2009).
Días y noches el equipo de producción ha trabajado arduamente finalizando las necesidades que demandan cada una de las tareas enfocadas en presentar el mejor resultado.
La elaboración y finalización de la carroza concluye con su presentación al público de la ciudad y aquellos turistas que se suman a admirar la belleza de la obra y a ganar el respeto merecido por tan dedicada labor.
“Apocalipsis” lleva su nombre como un elogio a los cambios y transformaciones internas que se ven reflejadas en el exterior del ser humano. Ésta obra es una creación de los artesanos Julio Andrés Jaramillo Gallardo y Vicente Revelo Salazar.
De ahí, que la satisfacción personal de todos los integrantes del equipo, incluidas mujeres y jóvenes, salen a desfilar en la senda del carnaval como orgullo al aporte cultural del patrimonio de la ciudad por medio de su trabajo artístico.
El pasado 6 de enero de 2019, “Apocalipsis” resultó ganadora del primer puesto dentro de la categoría “carrozas motorizadas”, se presentaron dieciocho para ésta última versión del carnaval.
Los personajes retratados y todo su contexto narrativo de la creación de “Apocalipsis” son un ejemplo claro de trabajo en equipo y de congregación de artesanos que contribuyen a la memoria cultural de Nariño a través de su trabajo creativo y sobre todo… por su amor al arte que se manifiesta en una fiesta magna con la identidad pastusa.

 

Fernanda Patiño es colombiana, nacida al sur. Fotógrafa aficionada, dedicada a la búsqueda de nuevas visiones y experimentación de técnicas visuales. Le interesa participar en proyectos que destaquen el valor humano. Ha participado de formaciones y experiencias con workshops a nivel local y nacional. Su trabajo ha sido expuesto a nivel local en galerías de arte y recientemente contó con una exposición de obra internacional. Es cofundadora de la Fundación Fotógrafas Latinoamericanas, donde
se promueve el trabajo fotográfico emergente.