lo-que-el-viento

“El amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide… aún. Aún es el nombre propio de esa falla de donde en el Otro parte la demanda de amor”

(Lacan, Jacques)

 

Su estructura y perfección, en todos los campos de su vida, permitía que circulara como por una ruta demarcada donde sabía cuál era el destino. Podía describirse como una excelente profesional, hija, amiga y pareja. Al mismo tiempo, nada de eso le permitía sentirse plena. Su trabajo era monótono y sentía que no podía aplicar todo su conocimiento, por otro lado su pareja era un hombre correcto, atractivo pero no le despertaba deseo. El deseo surge de la hiancia entre necesidad y demanda. Deseo es siempre deseo de alguna otra cosa, es un punto central para el psicoanálisis, Jacques Lacan lo ubica en su justo lugar: “el deseo es la esencia del hombre”. De ahí que el objetivo del psicoanálisis sea llevar al analizante a reconocer la verdad sobre su deseo.

Un día sin buscarlo, como dice ella, un hombre le escribió por las redes sociales y algo empezó a construirse y a conmover su mundo. Un mundo imaginario, cargado de ilusiones, expectativas, proyecciones. Se sentía entusiasmada, la tonalidad de grises en la que sucedía su vida comenzó a tomar colores. Al mismo tiempo, observaba que su compañero de vida no la miraba ni la registraba, todo evento que ocurría entre ellos le provocaba angustia. No podía decir nada de esto, no se mostraba en falta, solo lo sostenía. Se encontró con ese hombre, pasando de lo virtual a lo real, sintiéndose totalmente atraída por éste, pero aclaró que se encontraba en pareja. El contacto virtual continuó, entonces tomó la decisión de terminar su relación. Volvió a encontrarse con este hombre, en el intento de ser uno. Amor es lo que engaña, decía Lacan, porque es donde se cree en la ilusión que dos pueden hacer uno.

Pasaron los días y ella no volvió a saber de él. La angustia la inundaba, el dolor la consumía,  se castigaba “me voy a lugares oscuros”. En conversación con una conocida se enteró que el hombre había regresado con su ex mujer, “mientras me lo contaban  yo dejé de escuchar, todo se detuvo”.

El amor en su esencia es narcisista, ese narcisismo evidencia su impotencia, el deseo de ser uno introduce una imposibilidad de establecer la relación de dos, por un instante parece conseguirse ese fin, lo que viene después es siempre es un encuentro fallido. Lacan expresa “el goce del otro no es signo de amor”, de ahí la diferencia entre goce y amor.

El sujeto se engaña y a su vez engaña el asunto del deseo, a eso lo denomina amor. El amor se presenta como deseo al otro, “sos mi deseo” o “yo soy tu deseo”, pero inmediatamente de esa presentación llega el sufrimiento acompañado de una imposibilidad para completarse. No se puede alcanzar el alma gemela o la completud. Hay sujetos que esperan toda la vida su complemento, alguien para ser uno. Esa es la demanda que surge en la clínica: el sujeto entiende que por su falta siempre debe de haber otro a quien dirigirse para poder colmarse. La apuesta del trabajo clínico es hacer que esa demanda se convierta en demanda de trabajo clínico para que se pueda hacer algo con ella, ubicándola en el camino del deseo, poder hacer con la propia falta en ser.

¿Desde dónde se ama? ¿A quién se ama? Lacan dice “amar es dar lo que no se tiene (nuestra falta en ser), a quien no lo es”, amar es mostrarse en falta, revelar que algo quiere alcanzarse del otro, es por esto que amor involucra la castración y amar es un poco experimentar esa falta, esa castración. ¿A quién no lo es? a esos objetos primarios perdidos, que nos conducen a la vía del deseo y el camino a transitar, con intentos de recuperación de aquello perdido, pensando que algún día lo encontraremos, pero lo perdido es estructural, lo cual nos invita a crear con esa falta y aceptar la falta del otro. El amor se soporta en la castración, es justamente porque No hay relación sexual, frente a lo cual el amor será una vía privilegiada para articular goce y deseo. El goce no se dirige al Otro, es más bien autista, se goza del cuerpo. El amor permite enlazar el goce a un partenaire, ya que incluye el deseo.

Ella no pudo mostrar su falta, ni aceptar la falta del otro, ya que continuaba sosteniéndolo como ideal. No pudo ver que ese otro no contó con las herramientas subjetivas que dieran de su ausencia, lo que nos habla de una carencia simbólica. Al mismo tiempo, la forma descarnada en el que el otro mostró su falta, la ubicó con su propia falta, ella hizo carne su falta y la del otro. 

Todos inventamos un truco para llenar el agujero en lo real. Allí donde no hay relación sexual, eso produce “traumatismo”. Uno inventa. Uno inventa lo que puede, por supuesto.

Las dificultades del encuentro entre los sexos, es una cuestión estructural (a esto se refiere Lacan con el “no hay relación sexual”) pues no hay nada escrito o predestinado que adjudique al sujeto su objeto de satisfacción, o la complementariedad. Y si no hay nada escrito, hay todo por tratar de escribir allí: el amor puede ser el engaño que vele esta falta, un semblante más, allí, ante lo real.

 

 

María Victoria Campos (1984, Neuquén) Lic. en Psicología, egresada de la Universidad de Buenos Aires y  Especialista en Psicología Clínica con Orientación psicoanalítica en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente trabaja en el equipo de apoyo y orientación profesional a instituciones educativas en Neuquén Capital, atención clínica de adolescentes y adultos en consultorio privado y es perito de oficio en el Poder Judicial de la Provincia de Neuquén.