“Lo que uso y no recomiendo”, selección de poemas, (Modesto Rimba, 2018), por Gustavo Yuste

Yōshū_Chikanobu_Kabuki_3

Imagen de Yōshū Chikanobu

 

A pesar del invierno

 

Detrás de tu bufanda

hay un gesto

que no puedo terminar de descifrar:

ayer fue el día más corto del año

y nosotros no estábamos preparados

para la extensión de esa noche.

 

Vistos así,

como falsos esquimales

que cruzan una avenida sin hablar,

nadie tendría nada para sospechar.

Sin embargo, un crujido imperceptible

acaba de sonar entre nosotros dos

y es solo una cuestión de tiempo

para que las luces de tu orilla

tengan el mismo tamaño

que esas luces de navidad

brillando intermitentemente en un balcón

a pesar del invierno.

 

 

Solo el hospital está abierto a esta hora

 

Las hojas de los árboles

se mueven con más determinación

que cualquier cosa que haga

y repito una especie de plegaria

sin ningún tipo de credo ni esperanza

para matar el aburrimiento.

 

(¿A dónde podríamos ir?

Solo el hospital está abierto a esta hora)

 

Pensar que hubo un tiempo

donde los problemas nos afectaban

menos que un cartel publicitario

y la felicidad era un recurso tan renovable

como la heladera llena durante nuestra infancia.

 

Al menos, me gustaría tener

la determinación necesaria

para cargar en el bolsillo

la medida exacta de cianuro

que me permita una victoria final.

 

 

Lo que uso y no recomiendo

 

Estos modales heredados,

una relación disfuncional con mis deseos,

la falta total de fe,

el cuestionamiento intuitivo,

excesos perimetrados

y el optimismo de una vela

que tiene toda una noche por delante

y un final asegurado.

 

 

Una consecuencia estadística

 

Bueno, cruzarnos después de diez años

es casi una consecuencia estadística.

 

Supimos ser muchas cosas,

pero ninguna que funcione

con esa naturalidad e inocencia

que tienen los chicos

mientras juegan en el jardín de un hospital.

 

Me parece un buen final

que la última vez que estuvimos cerca

hayamos hecho lo que mejor nos sale:

fingir ser dos personas distraídas

que miran en direcciones opuestas.

 

 

El turno vence en quince minutos

 

Una persona cercana

me cuenta que a su relación

parece haberle llegado esa llamada

que avisa quince minutos antes

de que termine el turno en el hotel.

 

Le pregunto qué piensa hacer,

pero responde lo obvio:

“Nada, esperar”.

 

Aprovecho a mirar mis zapatos despegados,

los electrodomésticos obsoletos de mi casa

y los techos hinchados por la humedad:

yo tampoco sé tomar decisiones

hasta que algo no se rompe del todo.

 

descarga

Gustavo Yuste (1992, Buenos Aires). Es Lic. en Cs. de la Comunicación (UBA), periodista y escritor. Dirige la sección de Letras de La Primera Piedra y forma parte de la editorial mágicas naranjas. Publicó los libros de poesía Obsolescencia programada (Eloísa Cartonera, 2015) Tendido eléctrico (Objeto editorial, 2016), Las canciones de los boliches (Santos Locos, 2017) y Lo que uso y no recomiendo (Modesto Rimba, 2018).

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s