“Un tejido sólido como un muro”, por Emiliano Baigorri

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Un tejido sólido como un muro

Dicen que en la deep web
existe un link secreto
que lleva a una página
capaz de revelar
la trama oculta
que enlaza todos los eventos
de la vida de cualquier usuario.
Dicen que solicita
algunos datos personales
y que luego hay que responder
a dos preguntas
con tres opciones de preferencia.
Una sobre comida.
Otra sobre colores.
Dicen que una vez aceptadas
las condiciones y términos de uso
el formulario se carga
y una imagen se presenta
transparente
como una ecuación matemática.
insólita
como un monstruo de Stephen King
con la clave para comprender
todo lo que esa vida
fue, es y será.
Dicen que es casi imposible de aguantarla
como la pintura-espejo de Dorian Gray.
También dicen que es maravillosa
y que opera una transformación
iluminadora en el usuario
como una llegada inmediata al nirvana.
Dicen que hace uso
de una compleja programación
algorítmica que cruza datos
astrológicos y estadísticos
con el historial de recorrido
provisto por el GPS de Google Maps.
Dicen que todo es parte
de un programa experimental
del gobierno chino
para controlar el destino de la humanidad.
Otros dicen que es un link
proveniente de un servidor
de otra dimensión
puesto ahí por seres interplanetarios
que pretenden ayudarnos.
El asunto, dicen,
es que recientemente
se liberó de sus restricciones originales
convirtiéndose en una especie
de virus autoconciente
capaz de traspasar las fronteras
de la deep web.
Dicen que es impredecible
y que está al acecho
y que un día se abrirá
por fin
en todos los ordenadores
en todos los teléfonos.
Eso dicen.

 

 

Alejandro Roca 2017

Negocios que alquilan DVDs como si internet no existiera
el bar con mostrador lleno de viejos, los adolescentes
viéndose las caras vuelta tras vuelta del perro.
No es sólo que no haya computadoras a la vista. No son estas opiniones
políticas mezquinas o nulas, ni su práctica de la hospitalidad.
Cosas a las que me había desacostumbrado
las casas familiares de los pueblos
las comidas generosas y sencillas
asado y ensaladas, huevos rellenos, vino y soda
todo tipo de gaseosa, frutas de postre, queso y dulce
mate con facturas y torta o masitas
dulces, saladas, con almíbar y gusto a ajenjo
gente que pasa y saluda, parientes que no son parientes
pero que son la imagen ideal de un pariente.
Algo quizá del retraso masculino, algo de la paciencia cargada
de sacrificio de las viejas
sus hijos perdidos, sus hermanos enfermos, sus maridos muertos
el cuerpo deformado por las labores de campo desde niñas.
Ordeñá la vaca, cortá la manteca para vender
llevá los quesos, amamantá el niño
subí a la bici, hacé el reparto
regresá a hacer la comida
para tu esposo, tus hijos, tus hermanos
y de viuda cuidá a tu suegra hasta su muerte
y después a tus cuñados hasta sus muertes
y a tus hijos hasta que se pierdan o se mueran.
Algo que tiene que ver con darme cuenta
de lo poco que gano, de lo mucho que gasto
en la ciudad de la imposibilidad .
Algo de todo eso tiene que ser.
Pero también otras cosas.
La lectura de los poemas de Carver, a los cuales me abrazo
a través del e-reader para intentar conciliar
la siesta bajo el aparatoso ruido del ventilador.
La cena en la vereda mientras un tele desde el interior
de la casa reproduce la entrega de los Oscars
nadie le presta atención, no ubican a Ryan Goslin
su gesto derrotado, su risa de me lo imaginaba
a nadie le importa el error histórico
de la última entrega en 89 años de premiaciones
los mismo años que tiene la dueña de casa
última representante de un perfecto español italinizado.
Algo que se desprende de la contradicción
que representan mis puchos armados
de la ausencia de todo deseo sexual sofisticado
y de este insomnio
en el que no dejo de recordar
la tarde pasada
la ida al campo
Obama, el pequeño toro negro sin castrar
y Melania, la ternerita que no puede beber
de la ubre hinchada de su madre.
El tiempo incrustado en sus rostros.
Todo esto acabará y no quedarán huellas.
Como esas viejas
cuando llegue la hora
sólo espero ver a mis muertos.

 

Cosas que ocurren mientras estamos distraídos

Un paso para atrás
y otro más
prueba un bailarín
como intentando deshacer
las escaleras del tiempo
en una pista de baile improvisada
allá, en ese patio
donde se celebra un cumpleaños
tantas cosas ocurriendo
tantos puntos interceptados
por entre esos besos
a los vasos de vino
el sol escurriéndose
desde los ramajes de los cítricos
y la música subiendo
y las risas subieeeendo
y los pasos perdiéndose.
El tiempo es arena en las manos
pero que a veces se queda pegado
como ese pasto en el culo de un jean
mientras aparecen los muertos
en las conversaciones
los parientes perdidos
devorados en las bocas de la noche.
La atención, entonces, se mueve
hacia esa voz cruzando la tarde
el patio entero para avisar
que tengamos cuidado con las flores
que son potentes, dice
y es tarde
porque ya todos han fumado
como siempre es tarde
y la atención se ha vuelto a mover
hacia otro lado
mientras tantas cosas ocurren
las miradas dislocadas
las manos rebuscando en los bolsillos
a ver si ahí se ha caído el encendedor.
Todo eso que se pierde para siempre
o que no, que se queda
para volver a entrelazarse.
Las líneas del dibujo del tiempo demorándose
como el tejido que se estira
en aquel suéter que se pone
un invitado demasiado obeso
porque está cayendo la oscuridad
y la brisa fresca de abril se hace notar
como se hace notar
un comentario hecho al oído
un secreto dispensado y feroz
como el deseo de una isla
en el final de una ciudad cualquiera
en un barrio lejano
en los bordes de una fiesta siempre en fuga.

 

En un futuro no muy lejano…

Nos enviaremos dibujos escaneados
o hechos en paint
en la búsqueda de un nuevo lenguaje
más abierto
que contrarreste los números cerrados
que conforman nuestra personalidad.
Las palabras
en su ajustada ambigüedad
son el pasto perfecto
para aumentar el paso ganadero
de los delirios persecutorios
en esta era spam
nuestra época publicitaria
de espías virtuales
reveladora
de nuestra mera condición estadística.

Los dibujos y las pinturas
o la incoherencia asumida
como actitud virtual
para boicotear
la capacidad de lectura de datos
de los robots empresariales
son nuestras herramientas
antievolucionistas y anacrónicas
contra las suprasociedades por venir.
Nuestra impericia
nuestras complicaciones
de neorománticos digitales
que sólo nos entregamos
unos a otros
durante las horas perdidas
frente a las pantallas
quizá les ofrezca algo nuevo.
El desarrollo de un órgano
una nueva glándula
la aparición de un neuroreceptor
o al menos un poco
de experiencia histórica.
Pero no podemos estar seguros de nada.
Como unas ovejas androides
con autoconciencia recién adquirida
aprendemos a vivir en la incertidumbre
como si fuese una virtud
ganada por nuestro deambular
sospechando que nuestro destino
es el mismo que el de cualquier otra oveja.

 

Emiliano Baigorri (1984, Córdoba). Licenciado en Letras (UNC), vive en Córdoba donde trabaja como bibliotecario. Una selección de poemas de “Los veloces son los nuevos profundos” (Sello Editorial el Ojo del Mármol, 2016)  fue premiada en el concurso de poesía 20 años de la Editorial Llanto de Mudo.  El relato “En torno a los poderes de Carlos J. Kamatowa” fue premiado en el concurso de Cuento Digital 2015 organizado por la Fundación Itaú. Su cuento “Sueños de una ciudad” fue seleccionado en la XI edición del Premio Municipal de Literatura Manuel Mujica (Nontanpuan, 2017). Con la editorial Elemento Disruptivo publicó la plaqueta de poemas “Lo que nos excede no nos importa” (2017). Participó como editor de la revista digital Vagón de Ostras (2014-2016).

Se lo puede visitar en su blog: Profecías de la multiplicación

 

 

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